Keiko Fujimori, convertida ahora en presidenta de la república, enfrentará el reto de volver la mirada hacia el sur y reconstruir su relación con Arequipa, una región que le dio la espalda en los diferentes procesos electorales en los que participó.
El economista Germán Chávez Contreras, profesor principal del Departamento de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Católica San Pablo (UCSP), señala que la mandataria de Estado tiene la oportunidad de ganarse ese respaldo mediante lo que denomina inversión social productiva. Por ello, y para demostrar que su elección fue un acierto, el nuevo Ejecutivo debe priorizar resultados tangibles que recompongan el tejido social y económico de Arequipa.
Según el análisis del especialista, la región Arequipa ha logrado mantenerse a flote gracias a su robusta base minera y agroexportadora, pero tiene que revertir un desempeño mediocre en desarrollo social y formalidad laboral.
Chávez señala que, en el aspecto económico, el objetivo principal será destrabar proyectos emblemáticos que permanecen estancados desde hace años.
La cartera minera —que está compuesta por los proyectos mineros Tía María, Zafranal, Pampa del Pongo y Don Javier— se perfila como el motor para recuperar la capacidad productiva de largo plazo. Asimismo, según el economista, el futuro del proyecto Majes Siguas II, con una inversión global de 4000 millones de soles, será el termómetro que mida la capacidad de gestión del nuevo gobierno.
Un punto clave para la confianza de los mercados y de la población local será la designación de cuadros técnicos. La permanencia de Julio Velarde como presidente del Banco Central de Reserva del Perú y la presencia de figuras con perfil técnico en el Ministerio de Economía y Finanzas son vistas como garantías de éxito en la gestión fiscal y monetaria. Además, el mayor desafío inmediato para Arequipa será el orden y la seguridad ciudadana, pilares que, durante la campaña electoral, la presidenta prometió abordar con firmeza para combatir la delincuencia.
De otro lado, la reciente inauguración del puente Virgen de Chapi, a cargo del Gobierno Regional de Arequipa, representa una oportunidad para reducir los costos de transporte hacia las zonas agroproductoras de Majes y La Joya. No obstante, el Gobierno deberá actuar rápido para evitar que esta mejora vial dispare las invasiones y el tráfico de terrenos, un problema latente que desordena el crecimiento regional.

Para entender lo que Arequipa espera, es necesario mirar hacia atrás. El periodo 2021-2025 ha sido, en palabras de Chávez, una etapa de resistencia económica frente a una inestabilidad política absurda. A pesar de haber tenido nueve presidentes en diez años (desde 2016 hasta la fecha), la región no colapsó debido a sus factores de resistencia que son la base minera y la agroexportación.
El sector minero, que explica entre el 32 % y 33% del PBI de Arequipa, fue el gran sostén. Los altos precios internacionales del cobre y del oro, así como los términos de intercambio favorables, sostuvieron el dinamismo de la producción y las exportaciones mantuvieron un desempeño positivo. A ello se sumó el crecimiento de la agroexportación de productos como la palta y la alcachofa, además de una recuperación parcial del turismo tras la pandemia.
Sin embargo, el costo de la crisis institucional ha sido alto. El PBI potencial de la región, que es su capacidad de crecimiento a largo plazo, se desplomó del 6.5 % al 3%. Esta caída obedece al deterioro de la infraestructura, a los conflictos sociales tras la caída de Pedro Castillo y a la falta de nuevas exploraciones mineras, consecuencia de la «tramitología» y de la incertidumbre política.

El balance social es aún más preocupante. Germán Chávez destacó que la informalidad laboral ronda el 63 %, por lo que Arequipa ha mostrado un desempeño pobre en desarrollo humano. El problema no ha sido la falta de dinero, ya que el canon minero y las regalías han fluido, sino la incapacidad de gasto: los gobiernos locales y regionales apenas ejecutan entre el 50 % y 60 % de sus presupuestos de inversión, priorizando el gasto corriente en planillas sobre obras que transformen la salud y la educación.
Actualmente, los hospitales enfrentan una grave crisis, mientras que los resultados en educación son deficientes. “Esperemos que se pueda ordenar ahora y que los ministros duren para que hagan una buena planeación y ejecución. Todo lo que ha ocurrido con el desarrollo social ha sido el resultado de una inestabilidad política absurda e inédita para el Perú”, afirmó Chávez.
En conclusión, Arequipa entra a este nuevo quinquenio con una base económica sólida pero desgastada por la política. El gobierno de Keiko Fujimori tiene la misión de transformar esa resiliencia minera en bienestar social real si aspira a cambiar la percepción de un sur que, hasta hoy, se siente postergado.