Los resultados de la evaluación PISA 2025 pusieron en el foco de la opinión pública el magro rendimiento de la educación peruana. Sin embargo, más allá del retroceso de los estudiantes en Matemática, Lectura y Ciencias, su desempeño coloca sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿qué está fallando en el sistema educativo que no consigue obtener aprendizajes sólidos?
Para Giancarlo Vera, director del Departamento de Educación de la Universidad Católica San Pablo, los resultados alcanzados por los estudiantes de 15 años son el síntoma de un problema mayor. Aunque advierte que todavía no existe una investigación que permita establecer correlaciones, identifica tres factores que deberían analizarse.
El primero es el Currículo Nacional, aprobado en 2016 e implementado desde 2017. Vera considera que los resultados de PISA 2025 y de las evaluaciones nacionales de logros de aprendizaje justifican revisar el modelo centrado en el enfoque por competencias y preguntarse si está consiguiendo los aprendizajes esperados.
A ello se añade dos hechos que coincidieron e impactaron en una generación: la pandemia y el auge de la tecnología. Los estudiantes que participaron en la evaluación internacional de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 2025, tenían entre 9 y 10 años cuando comenzó la cuarentena. El aislamiento redujo la presencialidad y trasladó buena parte de su aprendizaje y socialización hacia dispositivos digitales.
“Ya hay evidencia de las consecuencias negativas que tienen en el desarrollo emocional, el desarrollo en la lectoescritura, el desarrollo social y el desarrollo cognitivo”, enfatizó.
El Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) es la evaluación más reconocida a nivel mundial. Es diseñada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y cada tres años evalúa a los estudiantes de 15 años en las competencias de Matemática, Lectura y Ciencias.
¿Cómo empezar a revertir ese escenario? Vera destaca tres aspectos del informe Claves para una enseñanza de alta calidad de la OCDE, publicado el mismo año de la evaluación PISA 2025: interacción en el aula, contenidos sólidos y compromiso cognitivo.
El primero restituye la importancia del encuentro entre el profesor y el estudiante como condición central del aprendizaje. “La interacción en el aula, el encuentro, la relación […] es el corazón de la educación”, sostiene. La experiencia de la pandemia, en opinión de Vera, reafirmó la importancia de la presencialidad en la educación básica.
El segundo aspecto a tomar en cuenta está en los contenidos. Desde su perspectiva, el currículo nacional peruano comete un error grave al privilegiar el “saber hacer” y la resolución de problemas sin establecer con suficiente claridad qué conocimientos debe dominar el estudiante. Saber matemática, biología o literatura, por ejemplo, no puede ser reemplazado por conocer únicamente cómo aplicar una técnica.
Un tercer factor es lograr que esos conocimientos desafíen al alumno. Comprender, analizar, sintetizar y explicar requieren un esfuerzo intelectual que no puede sustituirse con información disponible en internet. En esa tarea, Vera también llama la atención sobre el valor de la lectura como base para aprender en las distintas áreas del conocimiento.
De acuerdo con los resultados de PISA 2025, el 70 % de los estudiantes peruanos no alcanzó el nivel mínimo esperado en Matemática, y alrededor del 58 % quedó por debajo del indicador en Lectura.

Ahora, revertir la realidad educativa peruana —evidenciada en PISA 2025— obliga a atender dos frentes a nivel del Estado. Uno, revisar y actualizar el Currículo Nacional con una participación amplia de la academia, gobiernos regionales y colegios privados. El enfoque de competencias puede mantenerse, aclara Giancarlo Vera, pero no debería orientar todo el proceso de aprendizaje.
El segundo frente es la formación docente. El especialista propone revisar los modelos de preparación a nivel universitario que, a su juicio, han puesto demasiado énfasis en técnicas, tecnología y tendencias pedagógicas. Para Vera, el profesor debe dominar lo que enseña, generar un fuerte compromiso cognitivo y, al mismo tiempo, saber relacionarse con sus estudiantes.
También considera necesario revisar las evaluaciones para ingresar a la carrera pública magisterial y revalorizar económicamente la profesión. Una mejor remuneración, afirma, puede contribuir a atraer personas con mayores capacidades y recuperar el prestigio de una carrera decisiva para el desarrollo del país.
| Los resultados PISA 2025 demuestran que el Perú está por debajo del promedio de la OCDE en los aprendizajes de Matemática, Lectura y Ciencias. |
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|---|---|---|
| Área | Perú | Promedio OCDE |
| Matemática | 382 puntos | 463 puntos |
| Lectura | 390 puntos | 461 puntos |
| Ciencias | 406 puntos | 482 puntos |

En este contexto, adquiere relevancia impulsar nuevas propuestas formativas para cambiar la realidad educativa nacional desde la base y responder a los retos del futuro. Un ejemplo es la nueva carrera de Educación Secundaria que acaba de presentar la Universidad Católica San Pablo. La propuesta busca formar docentes con un dominio sustantivo de los contenidos y, a la vez, con una preparación pedagógica que les permita transmitir los conocimientos de manera efectiva.
La carrera tendrá dos especialidades: Lengua, Literatura y Arte, y Matemática y Ciencias Naturales. Según explicó Vera, los futuros profesores no solo tendrán un alto dominio de estas disciplinas y la capacidad de integrar los saberes desde sus propios contenidos, sino que serán expertos en desarrollar herramientas didácticas.
Un tercer aspecto de este nuevo modelo formativo será la habilidad para comprender al estudiante en sus distintas dimensiones (neurobiológica, psicológica, filosófica, afectiva, etc.).
Lo que se busca, agrega Vera, es que el futuro profesor de educación secundaria, además de ser un especialista en pedagogía y dominar una disciplina, tenga la capacidad para enseñar y comprender a la persona.
Al final, se debe tener claro que la mejora de los aprendizajes no solo sirve para posicionarnos bien en evaluaciones internacionales como PISA, sino que impacta en el futuro del país. Por eso, los resultados obtenidos en 2025 adquieren relevancia porque obligan a revisar el camino seguido por el actual modelo educativo.