El Perú vive una contradicción económica. Mientras el sol peruano está entre las diez monedas más estables del planeta y las reservas internacionales netas (RIN) superan la histórica barrera de los US$ 100 000 millones, el ciudadano de a pie siente un estancamiento real, principalmente los jóvenes, quienes salen al mercado laboral y no encuentran oportunidades.
Dos son las razones principales que explican esta realidad: una crisis institucional sistemática y una corrupción arraigada que se han convertido en un lastre para el desarrollo nacional. Así resumió la actual situación del Perú el economista Germán Chávez Contreras, profesor del departamento de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Católica San Pablo (UCSP).
Durante una ponencia organizada por la Cámara de Comercio e Industria de Arequipa (CCIA), Germán Chávez expuso un escenario preocupante: el producto bruto interno (PBI) potencial del Perú se ha desplomado. Este indicador refleja la capacidad máxima de crecimiento que puede alcanzar un país sin generar inflación. Entre 2002 y 2013, el país tenía un horizonte de crecimiento del 6.5 %, hoy esa cifra ha caído a un 3 % para el periodo 2026-2029.
Según explicó, la pérdida de infraestructura, la inestabilidad política y la corrupción han erosionado la capacidad productiva. “Crecer al 3 % no nos alcanza”, advirtió el economista. El Perú requiere un mínimo de 4 % anual para reducir la pobreza e incorporar a los 300 000 jóvenes que se suman cada año a la fuerza laboral.

La corrupción en el Perú se ha convertido en un drenaje de recursos económicos. El especialista señaló que, entre 2019 y 2023, se perdió aproximadamente el 15 % del presupuesto de la República, lo que equivale al 3 % del PBI nacional. Añadió que este indicador es muy importante porque el PBI es la sumatoria de todos los bienes y servicios finales que produce un país y constituye la principal variable para medir su situación económica.
Para ponerlo en términos cotidianos, Chávez explicó que esta pérdida equivale a dos canastas básicas alimentarias (720 soles) por cada peruano. Hay otras cifras dramáticas de la corrupción: más de 9 mil funcionarios comprometidos en actos ilícitos y una incidencia del 17.5 % de corrupción en la inversión pública. Así, el país está desperdiciando recursos que podrían cerrar brechas sociales críticas.
El panorama regional es especialmente crítico. Proyectos emblemáticos como Majes Siguas II continúan detenidos por falta de decisión política y enredos contractuales.
La situación se repite en el sector minero. Las inversiones previstas para operaciones de extracción minera como Zafranal, Tía María y la ampliación de Cerro Verde enfrentaron la indecisión de un Ejecutivo débil y un Congreso alineado a sus propios intereses. El caso de Zafranal, según Chávez, es sintomático: pese a contar con los estudios listos, los inversionistas decidieron postergar el proyecto hasta 2029 y priorizar mercados con mayor seguridad jurídica.
Durante su ponencia, Germán Chávez también resaltó que lo único que evita que el Perú caiga en una crisis terminal son sus sólidos fundamentos macroeconómicos. El Banco Central de Reserva (BCR) ha logrado mantener la inflación bajo control y un riesgo país de apenas 108 puntos básicos, el segundo más bajo de la región después de Chile. Además, el superávit comercial proyectado en US$ 40 000 millones para este año ofrece un respiro financiero que otros países vecinos envidian.