En un país como el Perú, donde los movimientos sísmicos forman parte de la vida cotidiana, es común escuchar que los temblores de baja magnitud son una especie de “válvula de escape”.
En el imaginario popular suele escucharse que estos pequeños sismos estarían liberando parte de la energía acumulada bajo la superficie y, con ello, reducirían la posibilidad de que ocurra un terremoto de mayor magnitud. La evidencia científica indica que esta idea es incorrecta.
El Instituto Geofísico del Perú (IGP) explica que los pequeños sismos no liberan una cantidad de energía comparable con la que puede acumularse en las zonas de contacto entre las placas tectónicas. Para entender qué significa realmente el denominado “silencio sísmico” y qué relación tiene con los sismos que se sienten en el país, hay conceptos que conviene conocer.
Que ocurran varios sismos de magnitud baja o moderada no significa que la energía acumulada se esté agotando ni que el riesgo de un terremoto mayor haya desaparecido.
El propio IGP abordó directamente esta pregunta. En una explicación sobre la energía sísmica, el presidente ejecutivo de la institución, Hernando Tavera, señaló que el incremento de una unidad de magnitud implica aproximadamente 30 veces más energía liberada. Por ello, varios sismos pequeños no necesariamente compensan la energía asociada a uno de mayor magnitud.
La diferencia puede parecer pequeña cuando se observa únicamente el número de magnitud, pero no lo es. Un sismo de magnitud 6 libera aproximadamente 30 veces más energía que uno de magnitud 5; es decir, no se trata de una diferencia menor.
El IGP incluso analizó casos de varios sismos moderados ocurridos en la costa de Arequipa. En 2019, Tavera planteó la pregunta de si seis sismos de magnitudes entre 4.0 y 5.6 registrados en Lomas, Caravelí, habían liberado la energía acumulada en la zona. Su explicación fue que un sismo de magnitud inferior a 7 no representa una descarga de energía comparable con la que producen los grandes terremotos.

La clave está en cómo funciona la magnitud sísmica. El United States Geological Survey (USGS) (Servicio Geológico de los Estados Unidos) señala que, para igualar aproximadamente la energía liberada por un sismo de magnitud 6, se necesitarían 32 sismos de magnitud 5, 1000 de magnitud 4 o 32 000 de magnitud 3.
Esto demuestra que, aunque los sismos pequeños sean frecuentes, no son suficientes para “liberar” la energía acumulada y evitar un terremoto mayor. El IGP señala que por cada unidad que aumenta la magnitud, la energía liberada se multiplica aproximadamente por 30.
Además, los sismos no necesariamente ocurren en la misma zona ni en el mismo segmento de contacto entre las placas. Por ello, un temblor pequeño no significa que se haya liberado la tensión acumulada en toda el área.
El “silencio sísmico” o “laguna sísmica” describe un periodo prolongado en el que no se registran grandes terremotos en una determinada zona, mientras otras áreas cercanas sí han presentado actividad sísmica. Durante años, este concepto se utilizó como una forma de identificar posibles zonas de acumulación de energía.
Sin embargo, el IGP señala que el silencio sísmico, por sí solo, no permite saber cuándo ocurrirá un terremoto ni qué magnitud tendrá.
Actualmente, los especialistas estudian también el acoplamiento sísmico, que permite conocer en qué medida las placas tectónicas están trabadas y acumulan esfuerzos. Para ello utilizan, entre otras herramientas, estaciones GNSS (GPS), que registran con precisión los movimientos de la superficie terrestre.
Por eso, tener un periodo de poca actividad sísmica no significa que un gran terremoto esté por ocurrir, pero tampoco que el riesgo haya desaparecido. Estos estudios permiten conocer mejor las zonas de mayor peligro y fortalecer la prevención.

Arequipa forma parte de una de las zonas con mayor actividad sísmica del país. El IGP identificó tres áreas de alto acoplamiento sísmico frente al litoral peruano: una frente a Lima, otra frente a Nasca y Caravelí, y una tercera frente a Moquegua y Tacna.
Esto no significa que exista una fecha prevista para un terremoto. El acoplamiento sísmico permite identificar zonas donde se acumula deformación y estudiar el riesgo a largo plazo.
Por ello, si en Arequipa ocurren varios temblores pequeños, no significa que estos estén evitando un terremoto mayor. Del mismo modo, un periodo sin grandes sismos tampoco permite predecir cuándo ocurrirá el próximo. De esta forma, los especialistas aseguran que la actividad sísmica puede estudiarse, pero un terremoto no puede predecirse. La prevención sigue siendo la principal herramienta para reducir sus efectos.
“Las personas tienen que entender que los desastres no son naturales. El sismo es un peligro natural y el desastre lo construye el hombre a través del tiempo”, advirtió Tavera.