Desde una perspectiva económica, los candidatos presidenciales que disputarán la segunda vuelta, Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), representan dos posiciones claramente opuestas.
Mientras Fuerza Popular propone políticas que favorecen la estabilidad macroeconómica, promueven la disciplina fiscal y la inversión privada; Juntos por el Perú tiene un enfoque estatista, orientado a la redistribución de la riqueza bajo la excusa de la “justicia social” y plantea la soberanía económica, con un severo fortalecimiento de la función redistributiva del Estado. Esto último, probablemente, colocando nuevos impuestos directos —que gravan la riqueza y los ingresos— y/o aplicando políticas enfocadas en el gasto público, con el ánimo de cerrar la brecha social de manera artificial e inorgánica.
Es evidente que el programa económico de Fuerza Popular respetará todos los aspectos considerados en la Constitución Política del Perú (1993) promulgada en medio de una fuerte crisis política, social y económica, durante el primer gobierno de Alberto Fujimori, padre de la candidata. Los cambios introducidos en el capítulo económico de dicha Constitución han sido menores y, en general, fortalecieron aspectos como la mejora de la ejecución del gasto fiscal, el control de la inflación, la ley de descentralización (2002), la corrección de algunas fallas de mercado —como los monopolios— y el fortalecimiento de normas orientadas a controlar mejor la deuda pública.
En todo caso, se mantiene el modelo de economía social de mercado, con autonomía del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), libertad de la inversión privada y protección de la propiedad privada, así como el rol subsidiario del Estado como empresario y el pleno respeto a la libertad contractual.
Juntos por el Perú, por su lado, pretende desconocer la autonomía del BCRP y plantea disponer un porcentaje de las reservas internacionales netas (RIN), que son el ahorro del país. Además, propone la revisión de los contratos mineros, el desconocimiento de los contratos ley (contemplados en la Constitución), una mayor participación del Estado en la renta minera, el endurecimiento del mercado laboral (proteccionismo), el fortalecimiento de la empresa pública y el uso del gasto público para reducir las brechas sociales. Ha llegado, incluso, a plantear una nueva reforma agraria y, al hablar de la refundación de la nación, propone el cambio de la Constitución.
El principal motor del crecimiento de la economía nacional durante tres décadas ha sido la inversión privada, que es cuatro veces mayor que la inversión pública y las exportaciones tradicionales y no tradicionales gracias a la apertura al comercio mundial. Las exportaciones nos han permitido acumular al año 2026, 100 mil millones de dólares en RIN, que son la garantía para mantener el “riesgo país” bajo y beneficiarnos con menores costos financieros para todos.
El cambio de Constitución, que propone Juntos por el Perú, pone en riesgo los logros en materia económica de los últimos 30 años, en los que se ha conseguido mantener la inflación dentro del rango meta (salvo algunos años con shocks negativos de oferta), el tipo de cambio estable y el sol como una de las monedas emergentes más sólidas del mundo. Se ha mantenido el nivel de deuda pública cercano al 30 % del PBI, que es la norma nacional, el déficit fiscal controlado y un excelente nivel de RIN. Todo esto ha permitido reducir la pobreza de 54 % (2002) a 20.2 % (2019) y bajar a menos de 6 % la extrema pobreza.
Por otro lado, Fuerza Popular debería priorizar la seguridad ciudadana, controlar las mafias del oro —que se mueven a través del Reinfo— y la tala de árboles; asimismo, mantener los equilibrios macroeconómicos: fiscal, monetario y de deuda pública.
Todos queremos lo mejor para nuestro país y, en esta segunda vuelta, les pedimos a los candidatos prudencia y veracidad en las propuestas, transparencia y compromiso con el crecimiento económico y con el desarrollo integral y solidario del Perú; siempre pensando en el bien común y en la construcción de una sociedad más humana.