Por estos días resulta difícil recordar que estamos en elecciones. Aún no hay candidatos firmes y faltan apenas tres semanas para la segunda vuelta. Sabemos que habrá boda el 7 de junio, pero todavía no hay novios oficialmente comprometidos.
Todo indica que el anuncio se hará público el domingo, según el JNE, que como suegra malhumorada demora en dar su bendición para el matrimonio. Y aunque Rafael López Aliaga ha dejado claro que intentará irrumpir en la ceremonia justo cuando el sacerdote pregunte “si alguien se opone a la unión, que hable ahora o calle para siempre”, todo hace pensar que no logrará frenarla.
A Rafael le habría venido bien un aliado en Palacio de Gobierno, pero entre su falta de olfato político y su exaltación permanente, terminó sacando de la presidencia a José Jerí, quien pintaba como un buen padrino de bodas. En su lugar llegó José María Balcázar, que no deja dudas sobre sus simpatías por el novio: al final, son tocayos ideológicos.
A la novia ya la dejaron plantada tres veces en el altar, pero insiste en que este novio es distinto. Es limeño, vive en San Borja y, aunque a veces se ponga sombrero chotano, no es profesor ni soldado, y mucho menos gringo.
Por su parte, el padre político del novio es Yehude Simon, exgobernador de Lambayeque y fundador del partido. Simon asegura que le robaron Juntos por el Perú y desliza que no le sorprendería que el novio también quiera quedarse con algo más que el corazón del país.
Como van las cosas, el desenlace de esta novela recién lo conoceremos —si todo sale bien— una semana después de la boda.