Hubo un tiempo en que el fujimorismo gozaba de la simpatía del electorado arequipeño.
A fines de marzo de 1990, un todavía desconocido Alberto Fujimori llegaría sin muchas expectativas a Arequipa. Años después, el mismo exmandatario recordó en su libro autobiográfico Palabra del Chino, una escena reveladora: al arribar al aeropuerto de Arequipa confundió a una comitiva que esperaba a miembros de la Corte Suprema de Justicia con una comisión de recibimiento partidario.
Visitó el mercado San Camilo, luego caminó con unos pocos seguidores por la Plaza de Armas y algunos simpatizantes se animaron a cargarlo en hombros. Dio entrevistas a medios y luego abandonó Arequipa sin imaginar que había quedado a tres mil votos de derrotar al archifavorito de las elecciones presidenciales de ese año: Mario Vargas Llosa, en primera vuelta.
La segunda vuelta sería distinta. El outsider y entonces candidato antisistema volvió, ingresó montado en un tractor y logró llenar la Plaza de Armas de Arequipa. En esa elección se impuso en la región por más de 40 mil votos sobre Vargas Llosa.
A partir de ese momento, la relación entre Fujimori y Arequipa tendría sus altos y bajos. La región volvería a apoyarlo en las elecciones de 1995 con el 61.35 % de los votos, una de las votaciones más altas obtenidas por un candidato presidencial en la Ciudad Blanca.
Sin embargo, durante el segundo gobierno de Fujimori ocurrieron dos episodios que marcarían un quiebre en la relación del fujimorismo con Arequipa: la silbatina en la inauguración de los Juegos Bolivarianos de octubre de 1997 y el mitin del año 2000 en la Plaza de Armas.
Fujimori llegó al estadio de la Universidad Nacional de San Agustín (Unsa) para tomar juramento a los deportistas bolivarianos y terminó recibiendo un sonoro abucheo del público. Mientras que, en el mitin del año 2000, hubo más heridos que promesas al final de ese encuentro electoral. En ambos episodios estuvo presente Keiko Fujimori como primera dama. Estos fueron dos momentos de explícito rechazo al fujimorismo, hechos que mellarían la imagen del exmandatario en la ciudad. En las controvertidas elecciones del año 2000, en la región Arequipa sería derrotado por Alejandro Toledo por más de cinco mil votos (Toledo 47.11 %; Fujimori 46.18 %).
Toledo solo ganó en la provincia de Arequipa con el apoyo del Cercado, Alto Selva Alegre, Hunter, José Luis Bustamante y Rivero, Mariano Melgar, Miraflores, Polobaya, Sachaca, Yanahuara y Socabaya. Además de Mollendo, Achoma en Caylloma y Toro en La Unión. En el resto de provincias y distritos ganó Fujimori.
Ambos se enfrentarían en la segunda vuelta, pero esa elección tuvo una peculiaridad: Toledo no hizo campaña y pidió el voto en blanco o nulo en protesta por las irregularidades denunciadas en esos comicios. Igual ganó Fujimori con 74 % de los votos, aunque la opción blanco o nulo sobresalió en seis distritos: Alto Selva Alegre, Cercado, José Luis Bustamante y Rivero, Miraflores, Yanahuara y Mollendo.
Luego de la caída de Fujimori, en las elecciones de 2001 se presentarían dos opciones fujimoristas: Solución Popular, de Carlos Boloña, exministro de Economía de Fujimori, y Cambio 90-Nueva Mayoría, pero estos partidos solo compitieron en las elecciones congresales. Ambas agrupaciones lograron 1.6 % de los votos en Arequipa.
En 2006, Alianza por el Futuro competiría con Martha Chávez como candidata presidencial y alcanzaría 3.8 % en Arequipa, ganando solo en un distrito: Quicacha, en Caravelí. Justamente en esta provincia, Chávez quedaría tercera con 20.8 %.
La lideresa de Fuerza Popular aparece en la escena política desde 2011 como candidata presidencial, aunque había empezado su trayectoria electoral en 2006, cuando postuló y obtuvo una curul en el Congreso.
En 2011, quedó tercera en Arequipa y logró el 11.4 % de votos. Solo ganó en la provincia de Caravelí en la primera y segunda vuelta; en el resto de provincias, donde años atrás había triunfado su padre, el electorado se inclinó por Ollanta Humala.
Desde esa elección, Caravelí ha sido un bastión fujimorista. Esa jurisdicción mantiene vivo el recuerdo de Alberto Fujimori por sus acciones contra el terrorismo —Caravelí fue una de las localidades más afectadas en la región— y las obras ejecutadas durante su gobierno. Hasta 2026, cuatro distritos se mantienen fieles a Keiko Fujimori: Bella Unión, Cahuacho, Jaqui y Lomas.
En 2021, Keiko Fujimori llegó a Arequipa para debatir contra Pedro Castillo en el Aula Magna Simón Bolívar de la Unsa y para firmar un acta de compromiso con Álvaro Vargas Llosa y Pedro Cateriano, como garantes.
2016 sería el año de Keiko Fujimori en Arequipa. Además de Caravelí, ganó en Camaná, Condesuyos y Castilla. Un Fujimori volvería a imponerse en distritos de la ciudad de Arequipa: cinco en total (Characato, San Juan de Siguas, Santa Isabel de Siguas, Vítor y Yarabamba), todos ubicados en zonas periféricas de la provincia. Además, logró colocar a una congresista —Alejandra Aramayo—, hito que no se repetía desde 2000.
Aunque no igualó la marca de su padre, ese año el fujimorismo alcanzó su mejor desempeño en una primera vuelta en la región: 24 %. Sin embargo, no volvería a repetir ese buen resultado.
Después de 2016, su votación en primera vuelta no pasa del 7 %. En el último proceso electoral, además, perdió su bastión, Caravelí, aunque por un estrecho margen de 43 votos. No obstante, el apoyo de esta provincia al keikismo ha ido cayendo desde hace diez años: 69.9 % (2016); 28.07 % (2021) y 22.4 % (2026).
Además, en las segundas vueltas no pasa del 35 %: 32.2 % frente a Humala, 32.4 % contra Pedro Pablo Kuczynski (PPK) y 35 % contra Castillo.
Los números no parecen sonreírle a Keiko Fujimori.
El analista político José Lombardi consideró que luego de la silbatina de 1997 en el estadio de la Unsa, Arequipa se convirtió en uno de los bastiones del antifujimorismo y en escenario de marchas del “No a Keiko”.
Por eso opinó que la región es una plaza difícil para la lideresa de Fuerza Popular. Si bien en la primera vuelta la región votó por Jorge Nieto, del partido del Buen Gobierno, anotó que esta preferencia refleja que la ciudad estuvo buscando una opción más centrista. Entonces, es probable que esta votación se divida entre Fujimori y Sánchez.
Tomando en cuenta el comportamiento electoral arequipeño de los últimos años, es factible que Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, gane en esta región, pero Lombardi dejó abierta cualquier posibilidad. “El arequipeño votará más por susto que por convicción”, dijo.
Sobre Alberto Fujimori, consideró que su relación con Arequipa no fue buena, más aún luego de la silbatina de los juegos bolivarianos. “Luego de ese evento, Fujimori castigó a Arequipa”, apuntó.
Recordó que el sur fue postergado durante el régimen de Fujimori, que prefirió invertir más en el norte y en localidades afectadas por el terrorismo. “Las inversiones más importantes de esos años fueron iniciativas privadas, principalmente mineras. No hubo una obra pública importante en esos años”, mencionó.

Por otro lado, el director del Centro de Gobierno José Luis Bustamante y Rivero de la Universidad Católica San Pablo (UCSP), Carlos Timaná, opinó que Keiko Fujimori podría sacar una votación importante en esta zona del país, a diferencia de 2021.
Consideró que si bien hay un antikeikismo fuerte en Arequipa, de carácter más emotivo y sustentado en los recuerdos negativos del gobierno de Alberto Fujimori, también es cierto que los arequipeños demostraron, con su voto por Jorge Nieto —quien resultó ganador en esta región— que están buscando opciones más independientes, centristas y moderadas. “Creo que hay muchas dudas sobre Sánchez”, mencionó.
En ese sentido, señaló que este panorama podría favorecer a la lideresa del fujimorismo. Desde su perspectiva, el recuerdo de Alberto Fujimori podría influir en el voto rural, aunque “en Arequipa no hubo una mayoría fujimorista”. En su momento, Alberto Fujimori encarnó lo contrario a la derecha representada por Mario Vargas Llosa, obteniendo el respaldo de las mayorías, pero luego ese apoyo decayó hasta ubicarse en un 8 % leal, que ha sido útil para los objetivos de su hija. No obstante, reconoció que el fujimorismo no ha tenido un camino sencillo en el sur del país.