La protesta en Arequipa que dio inicio a la caída del gobierno de Odría

Una reunión pacífica convocada en el Teatro Municipal se convirtió en una feroz protesta que precipitó la caída del principal aliado de Odría. Este episodio está incluido en la novela Conversación en la catedral, de Mario Vargas Llosa.

Escrito por Encuentro
Portada del diario El Deber, dando cuenta de las protestas de diciembre de 1955.
Portada del diario El Deber, dando cuenta de las protestas de diciembre de 1955.
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Cuatro días antes de celebrar la Navidad de 1955, Arequipa fue escenario de una protesta que obligaría al entonces gobierno de Manuel A. Odría a prescindir de su principal alfil político: Alejandro Esparza Zañartu. Esta manifestación marcaría uno de los primeros golpes contra el régimen odriísta.

El 21 de diciembre de 1955 iba a concretarse un encuentro político en el Teatro Municipal, organizado por la Coalición Nacional, agrupación fundada ese año en Lima. Los convocados buscaban presionar al régimen de Odría para garantizar elecciones libres al año siguiente, reformar el sistema electoral y derogar la Ley de Seguridad Interior, norma creada para perseguir a la oposición, principalmente, a apristas y comunistas.

Sin embargo, el Gobierno, enterado de esta iniciativa, intentó frustrar la reunión. Militantes del Partido Restaurador, agrupación vinculada a Odría, matones capitalinos y comerciantes de mercados como San Camilo buscaron impedir la asamblea, colocándose fuera y dentro del teatro. Según refiere Juan Guillermo Carpio Muñoz, en su libro Texao, estos portaban desde palos y cachiporras hasta chavetas y cuchillos para enfrentar a los ciudadanos congregados.

Organizadores y asistentes encararon con valentía a este bando; luego pudieron ingresar al teatro. La concentración se llevó a cabo, pero solo por unos minutos, dado que la policía irrumpió y lanzó bombas lacrimógenas para desalojar el local.

Los efectos de la represión

La gente, asfixiada por los gases, salió rauda del recinto no sin antes recibir golpes. Sin embargo, lejos de amilanarse se movilizaron hacia la Plaza de Armas coreando consignas como “¡Libertad!” y “¡Muera Odría!”.

Los políticos, en improvisados mítines, lideraron discursos para expresar su indignación por estos acontecimientos; los gremios fueron plegándose a los políticos.

La policía continuó lanzando bombas lacrimógenas en la plaza para dispersar a los manifestantes, objetivo que no consiguió. Por el contrario, la manifestación se hizo más compacta y convocó nuevas adhesiones.

La protesta cobró fuerza, mientras el servicio de tranvías quedó suspendido y los comerciantes cerraron sus locales. También hubo ataques a la sede del diario Noticias por una supuesta cercanía al gobierno de Odría. Carpio Muñoz aseguró también que algunas radios fueron tomadas por los gobiernistas para evitar la cobertura de estos eventos. El autor reconoce que los agentes policiales se contuvieron para evitar las mismas consecuencias de la revolución de 1950.

Portada del diario El Deber, dando cuenta de las protestas de diciembre de 1955.
Portada del diario El Deber, dando cuenta de las protestas de diciembre de 1955.

La caída de Esparza Zañartu

Mario Rommel Arce, historiador y profesor del Departamento de Humanidades de la San Pablo, citó el testimonio de De Belaunde en su libro Javier de Belaunde: Una trayectoria al servicio de Arequipa para describir la actitud de los arequipeños en estas protestas. “Hay acciones de notable valor como la que se realiza cuando un obrero, con su sangre, escribe sobre una pared del portal de la municipalidad la constancia de su protesta; ‘¡Muera Odría!¡Viva la libertad!’”.

Del mismo modo, el diario El Deber, periódico digitalizado por la San Pablo, tituló su portada: “La concentración de la Coalición Nacional tuvo un trágico epílogo”. Más abajo, cita: “Al provocarse disturbios callejeros, la ciudad vivió momentos de ansiedad”. Este evento dejó 16 heridos, varios de ellos por impacto de bala.

Las protestas continuaron por tres días más y exigían la destitución del temido ministro de Gobierno, Esparza Zañartu, responsable directo de este ataque. Finalmente, en la jornada de Nochebuena, la Ciudad Blanca recibió su regalo: el gobierno de Odría notificó la salida de Esparza Zañartu. Otra victoria más para la Ciudad Caudillo.

“En víspera de la Navidad, Esparza dimite. Ha sido quebrado el espinazo de la dictadura”, sentenció Enrique Chirinos Soto en su libro Historia de la República. Chirinos Soto fue uno de los protagonistas de estas protestas junto a figuras políticas como Héctor Cornejo Chávez, Javier de Belaunde, el exalcalde de Arequipa Julio Ernesto Portugal y Mario Polar Ugarteche.

Mario Rommel Arce, historiador y profesor del Departamento de Humanidades de la San Pablo.
Mario Rommel Arce, historiador y profesor del Departamento de Humanidades de la San Pablo.
EL DATO

La revolución de 1950 en Arequipa ocurrió en un contexto electoral. Durante ese proceso, se rechazó la inscripción de Ernesto Montagne Markholz como candidato presidencial, quien llevaba a Francisco Mostajo como segundo vicepresidente. Esta acción dejó como único candidato a Odría en las elecciones de julio de ese año.

El impacto político de esta protesta

Según Rommel Arce, estas protestas tuvieron un impacto político importante, ya que sentaron las bases para las elecciones libres de 1956.

Arequipa dejó a Odría sin su principal alfil: Esparza. Este personaje siniestro inspiró a Mario Vargas Llosa a construir el personaje de Cayo Bermúdez, protagonista de su celebrada novela Conversación en la catedral, en la que escribió un capítulo dedicado a los eventos ocurridos en Arequipa. Esparza mantuvo a raya a la oposición, detuvo y exilió, principalmente, a apristas y comunistas.

Según Rommel Arce, también persiguió a los líderes de la revolución de 1950 en Arequipa. Políticos arequipeños como Javier de Belaunde tuvieron que autoexiliarse para escapar del poder omnipresente de este régimen autoritario, aún así terminó apresado en 1951.

Luego, en febrero de 1956, Odría enfrentaría, sin Esparza, un alzamiento de 13 días en Iquitos que terminó con detenidos, entre ellos el director de La Prensa, Pedro Beltrán, confinado en la prisión de El Frontón. Sin embargo, la protesta nacional e internacional provocó la liberación de los presos. Entonces, presionado por la coyuntura, aquejado por una fractura en el fémur y la cadera, y ante el regreso de líderes opositores como José Luis Bustamante y Rivero, Odría convocó a elecciones para 1956. Él no participó en estos comicios, tampoco el Apra ni los comunistas por la vigencia de la Ley de Seguridad Interior.

Manuel Prado ganó las elecciones y posteriormente derogó esta norma, lo que permitió que apristas y comunistas participaran en los comicios de 1962.

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