¿Cómo atender la salud mental en los adolescentes?

Escrito por Encuentro
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Elva Franco DelgadoDirectora de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica San Pablo

Cuando hablamos de adolescencia, solemos pensar en una etapa de cambios físicos, nuevas responsabilidades y descubrimiento personal. Pero también es una etapa en la que pueden aparecer importantes dificultades emocionales y psicológicas. Por eso, cuidar la salud mental a esta edad no debería ser algo que hagamos solo cuando aparece un problema. Debemos promoverla antes, durante y después de las dificultades. 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS): uno de cada siete adolescentes de 10 a 19 años presenta algún trastorno mental. Además, la depresión, la ansiedad y los trastornos del comportamiento están entre las principales causas de enfermedad y discapacidad durante esta etapa.  

Pero estos datos no solo deberían preocuparnos, sino llevarnos a la siguiente pregunta: ¿qué podemos hacer? 

La respuesta comienza por promover condiciones que permitan a los adolescentes desarrollarse, establecer relaciones saludables, afrontar las dificultades, expresar sus emociones y sentirse parte de su familia, escuela y comunidad. Es decir, no se trata solo de evitar los problemas, sino de ayudar a los adolescentes a prosperar. 

¿Y cómo debemos actuar para promover la salud mental? 

Primero, hablando de ella con naturalidad y sin estigmas. Un adolescente debería poder decir “no me siento bien”, “estoy preocupado” o “necesito ayuda” sin miedo a ser ridiculizado. Escuchar sin juzgar puede ser el primer paso para que alguien busque ayuda. 

Segundo, fortaleciendo las relaciones de apoyo. La familia, los amigos, docentes y otros adultos significativos pueden convertirse en factores protectores. Diferentes investigaciones señalan que cuando los estudiantes sienten que las personas de su escuela se preocupan por ellos, los valoran y apoyan, existe una mayor conexión con la escuela. Por eso, una escuela que promueve la salud mental no es solo aquella que tiene un psicólogo; sino donde los estudiantes se sienten escuchados, respetados, seguros e incluidos. 

Tercero, enseñando habilidades socioemocionales. Los adolescentes necesitan aprender que las emociones pueden reconocerse, expresarse y gestionarse. Esto debe trabajarse desde la niñez y fortalecerse en la adolescencia.  

Cuarto, creando entornos seguros e inclusivos. No podemos pedirle a un adolescente que cuide su salud mental mientras permanece expuesto al acoso, la violencia, la discriminación, el aislamiento o ambientes que deterioran su bienestar.  

Y quinto, facilitando el acceso temprano a ayuda profesional. Promover la salud mental no significa que profesores, padres o amigos tengan que convertirse en psicólogos; significa saber reconocer cuando alguien necesita apoyo y facilitar que pueda recibirlo.  

Toda esta labor es una responsabilidad compartida entre familias, escuelas, profesionales de la salud, comunidades, autoridades y, sobre todo, los propios adolescentes.  

Promover la salud mental no consiste en decirle a un adolescente “sé fuerte” cuando está sufriendo, es saber preguntarle: “¿cómo estás?” y, sobre todo, estar dispuestos a escuchar la respuesta. No se trata únicamente de enseñarle a afrontar la adversidad, sino de construir entornos donde tenga menos razones para enfrentarla solo.  

La salud mental de los adolescentes no es un asunto individual. Es una responsabilidad colectiva y una inversión en el futuro de nuestra sociedad. Si queremos jóvenes capaces de aprender, relacionarse, tomar decisiones y construir proyectos de vida, tenemos que ofrecerles algo fundamental: un entorno en el que puedan sentirse seguros, escuchados, valorados y acompañados. Porque cuidar la salud mental de los adolescentes significa crear, desde ahora, las condiciones para que puedan sentirse bien. 

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