Gonzalo Banda Lazarte
Politólogo
Difícilmente puede encontrarse en la historia republicana un caso como el del futuro gobierno de PPK. Presidente de ascendencia polaca, francesa y alemana, criado en Iquitos, de padres que fueron nobles servidores sociales, no pertenece a la aristocracia, su rostro es más el de un pionero norteamericano campechano y dicharachero.
En los últimos procesos electorales nunca los dos candidatos que empezaron encabezando un año atrás terminaron disputando la segunda vuelta. Y PPK fue elegido casi de carambola, tras las ruinas de Guzmán, la migración de votos de Barnechea y el temor a la izquierda de Mendoza.
Y no es que PPK goce de músculo político, lo que ocurre es que tuvo la fortuna de aparecer en la foto cuando se avecinaba otro terremoto, y llegó como lo hemos dicho, como pionero, con un evangelio bajo el brazo que lo acerca más al ala progresista que a la meramente tecnocrática.
Tampoco recuerdo que se haya discutido tanto la conformación de un gabinete ministerial. El desborde de expectativas ha sido tal, que desde días antes, casi como programa de espectáculos, se ha sabido cuáles eran los ministros.
La expectativa en un país como el nuestro puede terminar de matar de éxito a un buen gobierno, porque nunca nada será suficiente. Aquí presidentes populares como Leguía, Sánchez Cerro o Belaúnde terminaron trágicamente sus mandatos.
Creo que hay una lectura errónea de quienes sostienen que éste será sólo un gabinete tecnocrático. Hasta donde hemos podido ver Fernando Zavala se ha reunido con los popes del próximo Congreso, jugando ya políticamente en la cancha. Hay quien podría decir incluso que se trata de “un juego pírrico y no va a ganar nada”, pero basta que el fujimorismo se cierre en sus trece para que PPK tropiece.
Con todo, hay declaraciones de algunos futuros ministros donde se habla de formas y maneras antes que de resultados técnicos. Eso en un país que ha sido ya gobernado tecnocráticamente en los últimos 20 ó 25 años, ya es bastante. Porque el discurso de que “solo basta un manejo pulcro de la economía y con eso se curan todos los males” ya no convierte a nadie. Los tecnócratas mismos lo han abandonado, sino contemplemos cómo Saavedra en Educación —cuya gestión ha sido muy alabada—, no termina por convencer a la ciudadanía.
El gabinete de PPK no debe manejar un discurso únicamente técnico. Porque, en el fondo, no es tan cierto que el ciudadano peruano reclame indicadores y balances. Creo que fundamentalmente reclama gestos, desagravios, mayores niveles de justicia, quiere que la ley termine por ser ley siempre y que se aplique con fuerza. No hay en el peruano un discurso de manejo responsable de las finanzas. Zavala y otros ministros lo saben. Se necesitan reformas institucionales que desembaracen al Estado, a la policía, a los hospitales públicos, en fin, a todo el complejo aparato estatal.
Por otro lado, en Relaciones Exteriores, después de los leales de Humala, la Cancillería volverá a ser de un hombre de Torre Tagle: Ricardo Luna, y eso hay que celebrarlo. Sorprenden, sin embargo, otros nombramientos. A Bruno Giuffra (Producción) lo veíamos en la tele y en foros de emprendedores. Démosle el beneficio de la duda al igual que a Cayetana Aljovín en el MIDIS, no porque no sea una gran profesional, sino porque su perfil siempre estuvo relacionado a sectores más económicos o industriales.
Un nombramiento debe llamar la atención de Arequipa: Edmer Trujillo, en Vivienda y Construcción. Fue Gerente General de la Región en la actual gestión de Yamila Osorio y renunció a ese cargo al no sentirse cómodo trabajando para la gobernadora regional. Estamos seguros que esto no será obstáculo para las buenas relaciones con ella, pero no está mal recordarlo.
Esos son algunos de los guardianes socráticos de PPK. Ojalá Zavala y su equipo entiendan que la urgencia siempre va de la mano de la reforma institucional y política. Si lo ven así, sus ministros tendrán para largo, de lo contrario el desborde de expectativa puede ser fulminante.