Hace 70 años, la Ley N.° 12391 otorgó a las mujeres el derecho al voto y la oportunidad de ser elegidas presidentes del Perú. Sin embargo, no fue sino hasta 2026 que Keiko Fujimori logró convertirse en la primera presidente constitucional electa del Perú. Sin importar los tintes políticos, esto constituye un hecho histórico.
Si bien Dina Boluarte asumió la jefatura del Estado en 2022, nunca fue elegida directamente por el pueblo peruano. Por ello, recién con la victoria de Keiko Fujimori sobre Roberto Sánchez podemos decir que las mujeres hemos ganado el voto popular. Lamentablemente, los odios políticos y la sombra de Alberto Fujimori han oscurecido este festejo. En un país dividido, el apellido de la presidenta despierta más atención que el hito de haber sido la primera mujer en ganar una elección presidencial.
Desde 1823, el Perú ha sido un país liderado por hombres. En esta constante, las recientes elecciones significan un voto para las mujeres. Desde un punto de vista objetivo, es importante reconocer esta victoria. Por ti, por mí y por todas aquellas mujeres que luchan día a día por alcanzar puestos de dirección en su trabajo.
Como precisó la abogada Isabella Monsante en su tesis de licenciatura, existe una causa muy clara que genera la falta de representación femenina en los espacios de poder: la discriminación estructural contra la mujer. Al respecto, el Tribunal Constitucional señaló, en el caso Kímberly Champoñán, que “la discriminación por razón de sexo tiene su razón de ser en la necesidad de terminar con la histórica situación de inferioridad de la mujer en la vida social, cultural, económica y política”. En este último ámbito, las mujeres hemos ganado nuestra primera batalla. No obstante, aún nos falta separar el debate político de este avance en representatividad de género que desafía la discriminación estructural contra la mujer.
Recientemente, Carla García —hija del expresidente Alan García— declaró en una entrevista: “A pesar de ser aprista y ella fujimorista, estoy feliz de tener una presidenta mujer en el Perú. Setenta años le ha tomado a una mujer llegar al Palacio de Gobierno por el voto popular”. Esta postura, a pesar de provenir de una detractora del fujimorismo, refleja objetividad democrática. El Perú necesita que el logro de Keiko Fujimori en las urnas sea visto con madurez ciudadana y no con sesgos políticos. Solo así comprenderemos el gran avance que hemos tenido como nación en equidad de género.