En los diferentes centros de abasto ya se observa un marcado incremento en el costo de los productos básicos de la canasta del consumidor. Pescados como el bonito y el jurel tienen precios elevados debido a la menor captura asociada a las variaciones de la temperatura del mar. Por otro lado, la papa, en sus variedades amarilla y canchán, experimenta un alza por interrupciones en las vías de transporte y problemas climáticos. El choclo también duplicó su precio por su menor producción; y la zanahoria, la cebolla y el ajo se han encarecido debido a los mayores costos de transporte.
De acuerdo con lo informado por el Senamhi, el fenómeno de El Niño 2026-2027 nos golpeará desde dos frentes diferentes: El Niño costero y El Niño global, y juntos podrían tener efectos muy destructivos. Todo hace prever que estos dos fenómenos climáticos podrían alcanzar una magnitud e intensidad sin precedentes en nuestro país, desde que se tienen registros.
El Niño costero se caracteriza por el calentamiento de las aguas del mar frente a las costas del Perú y Ecuador, lo que ocasiona lluvias intensas y activación de quebradas (huaicos) en el norte del país. Este fenómeno se proyecta con mayor intensidad hacia los meses de octubre y noviembre y se prolongaría hasta el verano del año 2027.
Por otro lado, a El Niño global se le reconoce por el calentamiento de las aguas del océano Pacífico central, que puede generar severas alteraciones a nivel mundial. En el Perú, sus efectos suelen presentarse en forma de intensas lluvias en el norte del país y sequías en el sur. Este fenómeno ya empezó a manifestarse en el norte y, según las proyecciones, existe un 94 % de probabilidad de que alcance una intensidad extrema hacia finales de año. En conclusión, entre octubre de 2026 y marzo de 2027, tendremos muchos momentos en los que ambos fenómenos se darán simultáneamente, con efectos que por ahora solo podemos decir que son impredecibles, aunque graves con toda certeza.
Los sectores económicos que se verán mayormente afectados por El Niño son el pesquero y el agropecuario. El impacto provocará una severa caída en la pesca, especialmente en la captura de la anchoveta (ya se presenta en el norte peruano), mientras que en el sur se prevé una disminución de hasta el 74 % de las lluvias, perjudicando seriamente a la agricultura y a la ganadería del altiplano. También es evidente el daño que podría ocasionar en la infraestructura social y productiva del país, especialmente en las vías de transporte terrestre, que impedirían el normal traslado de alimentos y otros productos que forman parte de la canasta básica del consumidor.
En otras palabras, el fenómeno de El Niño generará un sostenido “shock negativo de oferta”, presionando los precios de productos básicos al alza, especialmente de aquellos perecibles que se echan a perder rápido y que ocasionan la reducción de la oferta y el incremento de los precios. A esto se suma un contexto geopolítico complicado que ha provocado la suba de los combustibles, con efectos inmediatos y duraderos en el incremento de los costos de producción y de los precios de los bienes y servicios finales, o de consumo familiar.
La pérdida de puestos de trabajo, el agravamiento de la salud, la aparición de enfermedades endémicas como el dengue, la malaria, etc. y la suspensión de actividades académicas en colegios, institutos y universidades serían también otras manifestaciones de lo grave que se puede tornar la situación a nivel nacional si no se toman las previsiones de caso.
Incluso ya se habla de una probable caída de 1 % en el producto bruto interno (PBI) este año y otro 1 % durante el primer trimestre de 2027. Lo más grave es que las familias más pobres y las comunidades más vulnerables serán las que sufrirán con mayor intensidad los efectos negativos de El Niño, pues tienen una menor capacidad de reacción ante los desastres naturales.
Ante este escenario es urgente una respuesta rápida y contundente del Ejecutivo para prepararnos con seriedad y responsabilidad frente a una amenaza climática que ya está entre nosotros.