Uno de los grandes desafíos del Perú sigue siendo la construcción de una identidad capaz de reconocerse a sí misma, en la que la religión ocupa un lugar fundamental.
Esta reflexión fue planteada por el rector de la Universidad Católica San Pablo (UCSP) de Arequipa, Alejandro Estenós Loayza, durante su discurso de clausura del V Congreso de Peruanidad: Fe, santidad y peruanidad.
Para el rector, detrás de los muchos conflictos que enfrenta el Perú, más allá de las diferencias políticas o económicas, existe también una raíz identitaria. Un problema que, a su juicio, el país arrastra desde el nacimiento de la república.
Durante su discurso cuestionó que, a lo largo de su historia, el país haya intentado construir su futuro mirando muchas veces hacia afuera y dejando de lado parte de su propia realidad.
Sostuvo que, en un primer momento, se quiso construir un Perú ilustrado que menospreció su herencia mestiza. Más adelante, surgieron otras miradas que buscaron reivindicar lo indígena y, posteriormente, un modelo de modernización inspirado en otras sociedades.
“Nos proyectamos con el desarrollismo liberal, de procedencia norteamericana, para terminar desorientados en un discurso identitario vacío de historia y de cultura, pero pletórico de mercantilización y tecnocracia”, afirmó.
El resultado, sostuvo, ha sido una sociedad que muchas veces no sabe cómo mirar su propia historia y cultura mientras intenta adaptarse a la modernidad.
Y es en esa historia donde aparece un elemento que ha sido subestimado: la religión.
Estenós planteó que la religión no puede reducirse a una cuestión privada ni a una expresión folclórica. Forma parte de la manera en que los peruanos celebran, recuerdan, se relacionan y expresan su identidad.
La mezcla entre la fe católica y las tradiciones americanas produjo, a lo largo de los siglos, una expresión religiosa propia que todavía puede verse en las fiestas, las imágenes, la música, las procesiones, las devociones y otras manifestaciones de la cultura peruana.
Por eso, para Alejandro Estenós resulta insuficiente hablar de la diversidad cultural del país únicamente desde la etnicidad, las lenguas o las diferencias entre pueblos. También hay que mirar aquello que los peruanos comparten y que muchas veces se expresa a través de símbolos y rituales.
“Se trata de una religiosidad del gesto, con profunda impronta ritual”, señaló durante su intervención.
Manifestación que está en la fiesta patronal, en el santo al que se encomienda una familia, en una procesión, en una canción, en una imagen religiosa o en la celebración de una comunidad. Son expresiones que, pese a las diferencias sociales y culturales, pueden generar espacios de encuentro.
Estenós también fue crítico con la manera en que se mira la cultura desde algunas políticas públicas. Advirtió sobre el riesgo de convertir las expresiones culturales y religiosas en solo objetos de exhibición, consumo o folclor.
Manifestó que el problema aparece cuando una tradición deja de ser entendida como algo que le da sentido a la vida de las personas y pasa a ser solamente algo que se muestra, se promociona o se consume.
En su lectura, esto también es consecuencia de una modernización que no siempre ha sabido comprender la cultura de la población peruana.
Aclaró que la respuesta tampoco consiste en rechazar la modernidad. El reto sería encontrar una manera de modernizar el país sin destruir aquello que le da sentido.
“La religión tiene justamente ese poder de integrar, pero sin anular la diversidad”, sostuvo.
Una identidad que no busca borrar las diferencias
Para el rector de la San Pablo, hablar de unidad no significa que todos los peruanos deban ser iguales; por el contrario, la diversidad forma parte de lo que somos. El desafío está en encontrar aquello que puede unirnos sin borrar nuestras diferencias.
En ese punto, la religión aparece como uno de los elementos que históricamente ha permitido ese encuentro.

En el marco del V Congreso de Peruanidad, el abogado constitucionalista Carlos Hakansson Nieto analizó la evolución histórica de la relación entre la religión y el Estado en el Perú.
Explicó que el constitucionalismo y la religión convergen históricamente en defensa de la dignidad humana. Sin embargo, recordó que en el Perú este proceso fue complejo: la Constitución de 1823 sancionaba con la “indignidad del nombre de peruano” a quienes no cumplían con el perfil católico oficial, bajo un Estado que fiscalizaba a la Iglesia.
El cambio vino con la reforma de 1915, que abrió paso a la libertad de cultos. Posteriormente, las constituciones de 1979 y 1993 consolidaron el actual modelo, donde el Estado se mantiene independiente de los dogmas, pero colabora activamente con las confesiones por su valor social e identitario.
Hakansson también destacó el rol del Tribunal Constitucional (TC), al resolver con equilibrio diversas tensiones de la vida civil y espiritual.
De igual modo, el experto se opuso a los discursos políticos que exigen cambiar la Constitución por completo. Asimismo, calificó, de manera irónica, a la carta magna de 1993 como la “Cenicienta”, señalando la falta de celebraciones oficiales por su vigencia, pero enfatizó que es la norma fundamental más interpretada de la historia republicana.