El grave daño y la consecuencia de la ideología de género

El grave daño y la consecuencia de la ideología de género

EL INTENTO DE ADOCTRINAMIENTO DE LOS NIÑOS motiva ciertas reflexiones

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La aceptada complementariedad entre ambos sexos poco a poco va desapareciendo para dar peligrosamente paso a una nueva propuesta ideológica de género.

Pablo Perazzo
Filósofo

El diálogo acerca de la ideología de género y su comprensión son algo cada día más importante, especialmente por la manera cómo se quiere obligar a que los niños desde temprana edad tengan el ‘derecho’ a optar por el género que ofrecen hoy en día los propulsores de esa ideología.

El Colegio Americano de Pediatras ha realizado un estudio en el que se abordan los peligros de la transexualidad y de la ideología de género. Este se basa puramente en datos científicos y biológicos, e insta a los políticos y a los educadores a rechazar las políticas de adoctrinamiento que pretenden que los niños abracen de forma natural y saludable el cambio de sexo químico y quirúrgico.

Binario y biológico

Cualquier estudiante inicial de medicina sabe, y aprende muy claramente, que la sexualidad humana es un rasgo binario y biológico. Los genes XY y XX son marcadores genéticos de la salud. Lo normal en el diseño genético humano es ser concebido hombre o mujer. Este principio es evidente por sí solo. Además, también es importante entender que no solo se trata de una evidencia física, sino que el sexo con el cual alguien nace involucra todas las dimensiones de la persona.

Las tendencias personales, la manera de pensar y la de acercarse a la realidad que lo rodea, las inclinaciones y la comprensión psicológica de la propia identidad, lo emocional y lo sentimental, la manera como uno se relaciona con la realidad que lo circunscribe, hasta la dimensión espiritual que marca profundamente la identi-
dad personal, desde la propia experiencia subjetiva, hasta la relación profunda con los demás y con Dios. Como se puede apreciar, hablar de sexualidad no se trata solamente de una cuestión genital o algún tipo de ‘tendencia’.

Género

El punto crucial es entender que nadie nace con ‘género’ indefinido que ‘permite’ que el niño decida cuál de los tantos géneros quiere ser. El asunto se torna aún más complicado, pues la capacidad que tienen los niños de más o menos 6 años para entender qué significan esas posibilidades que se les concede es prácticamente nula.

El tema es aún más peligroso, pues no buscan el conocimiento o el consentimiento de los padres, lo que es no solo su derecho, sino incluso el deber que les toca como padres para orientar correctamente a sus hijos teniendo en cuenta su realización personal. El Gobierno está asumiendo de manera completamente indebida la tarea que les toca a los padres: educar y orientar a sus hijos según sus creencias.

Es sabido que además de la evidencia morfológica y visible que un niño o niña tiene al momento de su concepción, desde el vientre materno, con el encuentro del óvulo femenino con el espermatozoide masculino, también es fundamental y real el influjo socio-cultural que poco a poco forma el desarrollo de la conciencia que uno tiene de uno mismo. Lo que se busca con la negación de la evidente sexualidad del concebido es dar a entender que eso es simplemente algo acordado y definido por un grupo de personas.

Una construcción

Todo ser humano nace con sexo biológico. El concepto de género es una construcción socio-cultural, no algo biológico y natural, como lo es la sexualidad masculina o la femenina. Es decir que el joven eligiría su ‘género’ influenciado por el entorno socio-cultural en el que vive, sin importar el sexo real con el que nace.

Otro dato a considerar, que puede demostrar los reales peligros de esta ideología, es que en Suecia, uno de los países muy a favor de la inclusión y la normalización de la ideología de género, los suicidios se disparan.

Si permitimos esa difusión cultural ideológica, se favorecerá tristemente que jóvenes que están reafirmando su propia identidad sexual, empiecen a ver como algo normal la posibilidad de aceptar esos pensamientos sexualmente equivocados. Por decirlo de una manera coloquial, no habría ningún problema con que alguien se cambie de ‘sexo’, mejor dicho de ‘género’.

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