De Arequipa a Santiago: nuestro paso por el Moot UBA–Rosario

Escrito por Encuentro
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Ana Lucía Delgado ChávezEstudiante del Departamento de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Católica San Pablo
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Luis Salette Paredes PinedaEstudiante del Departamento de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Católica San Pablo

Participar en el Moot de la Competencia Internacional de Arbitraje organizado por la Universidad de Buenos Aires y la Universidad del Rosario, es mucho más que preparar memoriales, estudiar casos complejos o defender una posición frente a un tribunal arbitral. Es una experiencia exigente, pero profundamente grata, porque permite descubrir capacidades que muchas veces permanecen ocultas en el aula.

Desde luego, la competencia fortalece las habilidades orales. Cada audiencia obliga a ordenar ideas, responder preguntas inesperadas y defender una postura con claridad, seguridad y convicción. Sin embargo, reducir este tipo de competencias a la capacidad de expresarse bien sería perder de vista su enseñanza más importante: nadie llega lejos solo.

Detrás de cada alegato hay horas de investigación, reuniones, correcciones, discusiones y ensayos. Están los compañeros que encuentran una fuente decisiva, quienes revisan una cita una vez más, quienes plantean una pregunta incómoda que ayuda a mejorar el argumento y quienes acompañan después de una ronda difícil. En ese proceso, cada integrante aporta algo distinto y necesario.

Por ello, los moots de arbitraje no deben entenderse como una vitrina para destacar genialidades individuales. Puede haber excelentes oradores, investigadores rigurosos o entrenadores con gran experiencia; pero el resultado final depende de la capacidad del equipo para integrar esas fortalezas. Una intervención brillante puede impresionar, pero un equipo coordinado es el que logra sostener una estrategia durante toda la competencia.

En una competencia de arbitraje, esta lección se vuelve especialmente evidente en los momentos decisivos. Cuando el tribunal formula una pregunta difícil, cuando el tiempo parece insuficiente o cuando un argumento necesita ser reformulado, el carácter del equipo marca la diferencia. Allí se aprende a mantener la calma, tomar decisiones rápidas y respaldar al compañero con seguridad.

El Moot UBA también contribuye al desarrollo de habilidades blandas que serán indispensables en la vida profesional: liderazgo, organización, empatía, comunicación y responsabilidad. Pero, sobre todo, enseña que la preparación colectiva puede transformar la presión en una oportunidad de aprendizaje.

Esta experiencia refleja, además, la realidad del ejercicio jurídico. En un arbitraje, una negociación compleja o la elaboración de una estrategia legal, los grandes resultados rara vez son producto de una sola persona. Detrás de cada caso sólido existe un equipo que investiga, analiza, debate y construye soluciones de manera conjunta.

Por eso, el mayor logro de un equipo en el Moot UBA no se mide únicamente en premios, reconocimientos o victorias. Se mide en la confianza construida, en las horas compartidas y en la certeza de haber representado a su universidad con esfuerzo, disciplina y compañerismo.

Al final, el mensaje es sencillo: en competencias como esta, confiar en el compañero no es solo una opción. Es, probablemente, la decisión más inteligente para llegar lejos.

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