Un estudiante de derecho puede pasar cinco años leyendo numerosos textos y aun así no saber qué se siente al defender un caso frente a un tribunal exigente y rivales que no conoce, porque hay aprendizajes que ninguna clase magistral puede darte.
Esto lo pudimos aprender en el Moot de Libre Competencia, cuya XII edición, realizada este año en Lima, reunió a 31 equipos de 10 países y constituyó una de las convocatorias más amplias en la historia de la competencia.
Viajar a otra ciudad, conocer estudiantes de distintos países y competir en un mismo escenario es, antes que nada, un reto personal. No se trata solo de litigar un caso ficticio: es salir de tu zona de confort, adaptarte rápido y medirte con gente que piensa distinto a ti. Esa mezcla de nervios y curiosidad es parte esencial de la experiencia.
La competencia en sí misma desarrolla habilidades que rara vez se entrenan en un aula. Hablar en público bajo presión, pensar con claridad cuando te contraargumentan directamente, sostener una posición con datos y afrontar numerosas preguntas de un tribunal experto: todo eso se aprende compitiendo. Un moot te obliga a aplicar la teoría, en tiempo real, frente a árbitros que no perdonan la falta de rigor.
Sin embargo, también hay una dimensión que pocos mencionan: la confianza. Pararte frente a un panel internacional y defender tu argumento, aunque tiembles por dentro, cambia la forma en que te ves a ti mismo. Cada ronda superada y cada pregunta difícil respondida dejan una huella que se traduce en seguridad profesional a futuro.
A esto se suma un componente humano que no siempre se valora lo suficiente. Conocer personas de otras universidades y países, compartir errores y aciertos, y descubrir realidades académicas distintas a la propia amplían la mirada sobre lo que significa estudiar derecho. Además, ciudades como Lima ofrecen paisajes y espacios que hacen que la experiencia se sienta completa y no sea solo académica.
Por eso, cuando alguien me pregunta si vale la pena participar en un moot, mi respuesta es simple: sí, sin dudarlo. No es solo una competencia de argumentos legales, es una experiencia que forma criterio, carácter y perspectiva. Si tienes la oportunidad, no la dejes pasar: pocas veces un solo evento te enseña tanto sobre tu carrera y sobre ti mismo.