Carlos Timaná Kure
Director del Centro de Gobierno de la Universidad Católica San Pablo
La guerra de EE.UU. e Israel contra Irán abre un nuevo capítulo en Medio Oriente. Todo indica que esta jugada empezó a tomar forma en febrero, cuando Benjamín Netanyahu visitó a Donald Trump, y terminó de consolidarse con el respaldo —al menos tácito— de Arabia Saudita. Su príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, tiene buenas razones para desear el debilitamiento de la teocracia vecina.
Para Israel, el conflicto es existencial. Desde la revolución de 1979, el régimen de los ayatolás ha construido parte de su legitimidad sobre una misión casi providencial: la destrucción del “Estado sionista”. No solo mediante la amenaza, cada vez más inquietante, de desarrollar armas nucleares, sino también mediante el financiamiento y el armamento de sus aliados regionales, como Hezbolá y Hamás.
Los demás países del Golfo Pérsico tampoco lloran por Teherán. Qatar, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait han vivido durante años bajo la presión del que muchos consideran el “matón del vecindario”. Incluso Azerbaiyán y la propia Arabia Saudita han sufrido ataques indirectos, como los drones que golpearon infraestructura petrolera saudí en más de una ocasión.
Las sanciones económicas impulsadas por Trump y los ataques contra instalaciones nucleares dejaron al régimen iraní en una situación frágil: una economía debilitada y un creciente descontento interno. Para Washington y Jerusalén, ese contexto ofrecía una ventana de oportunidad.
La metáfora es clara: cortar la cabeza de Medusa antes de que le crezcan otras. De allí que, ante la posibilidad de una reunión clave del liderazgo clerical chií, el lugar donde supuestamente se congregarían fuera bombardeado.
La apuesta es arriesgada. Si el régimen queda descabezado, quienes sobrevivan podrían verse obligados a negociar y moderar el rumbo. En el mejor de los casos, el mundo presenciaría el final de la última gran teocracia moderna. En el peor, otra cabeza de Medusa podría estar ya preparándose para emerger.











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