Mientras dictaba el curso de Liderazgo, Daniel se quedó mirando hacia el vacío, en silencio durante un momento. Se mostraba pensativo. Al terminar la sesión, esperó a que todos sus compañeros se fueran y se me acercó. Me dijo: “profesora, ¿cómo puedo mejorar?”.
La pregunta es simple, pero profunda si es que ponemos sobre la mesa todas las dimensiones que permiten el crecimiento de la persona (cuerpo – psique, inteligencia y voluntad, según Pablo Ferreiro y Manuel Alcázar, en su libro Gobierno de personas en la empresa). Eso fue lo que generó el silencio y curiosidad en Daniel.
Como docentes universitarios se puede hacer y dar mucho a los estudiantes, más allá de los conocimientos técnicos, es decir, el conjunto de habilidades prácticas e instrumentales que permiten la transformación de los conocimientos científicos en acciones que permitan solucionar determinadas necesidades, o la construcción de habilidades duras, que reflejan el conocimiento técnico de un profesional y le ayudan a desempeñar con éxito un trabajo.
El docente universitario puede enseñar a sus estudiantes a ser más reflexivos. ¿Qué significa esto? Enseñar a ser analíticos, a “masticar” la información, a tener un pensamiento sistémico, donde “puedan ver más de allá de lo evidente” y con esto lograr tomar decisiones o elecciones.
En buenas cuentas, a que sean estrategas que abracen el bien personal, sin dejar de lado el bien común. Todo ello sumará hacia su éxito y alcanzarán la plenitud de algo que les preocupa mucho en su presente. Me refiero a su futuro.
¿Qué más se puede hacer como docente universitario? Alentar a los estudiantes a que son capaces, pero desde la humildad, que reconozcan que no siempre podrán solos y que pedir ayuda es también un acto de valentía.
¿Cómo se puede lograr esto? Lo primero es conocerse a sí mismo. Dejar de pensar y empezar a “oírse”. Aquí algunas preguntas que pueden ayudar en esta misión: ¿Quién soy? ¿Cuál es mi propósito? ¿Cuáles son mis virtudes? ¿Qué puedo mejorar y cambiar? ¿Qué he hecho hoy por mí? ¿Soy realmente feliz? Son preguntas simples, pero profundas y vale la pena responderlas, pues este diálogo reflexivo, de hacerse autopreguntas, de hablarse con la verdad y desde el presente ayudará incluso a abandonar y liberarse del pasado y de aquello que nos limita o detiene.
Hace poco Daniel me escribió un correo. Me contó lo que ha alcanzado y sobre sus nuevos proyectos. Él “empezó a ver su valor en todas las dimensiones”, construyó su presente desde el autoconocimiento y está trascendiendo. ¡Es inspirador! Estoy feliz y orgullosa de él. Esto también es ser docente universitario.