Cultivar la ternura digital… ser luz en internet

Jorge Pacheco Tejada
Profesor emérito de la Universidad Católica San Pablo

Debo confesar que este artículo está inspirado en una conferencia que hace poco escuché por las redes. La expositora era mi hija Adriana.

Parto de una preocupante constatación: vivimos en un mundo saturado de pantallas. Los padres se quejan de que sus hijos están atrapados en las redes.

Un amigo, obviamente en tono de broma, culpaba a Jesús de Nazareth por inculcarnos con mucho apremio que aprendamos a echar las redes. Así que permítanme prolongar la ambivalencia del término “redes” con el ánimo de sacar conclusiones válidas en nuestra labor formativa.

Las redes de las que habló Jesús son redes que garantizan nuestro alimento (los peces). Por eso nos enseñó a echarlas mar adentro para garantizar una buena pesca.

Lo primero que debemos distinguir, entonces, es que hay redes que son útiles en la medida en que satisfacen una necesidad fundamental de la persona humana, y hay redes que, por el contrario, nos atrapan y nos aíslan. El papa Francisco ya nos prevenía: “El uso indiscriminado de la tecnología puede esclavizar el corazón” (Laudato Si 108).

Cuando Jesús nos anima a remar mar adentro (Lc. 5,4), nos anima a echar nuestras redes en lo profundo: a aprender a usarlas no en comunicaciones estériles y superficiales, sino para satisfacer el anhelo de trascendencia que tiene el espíritu humano. No se trata de huir de las redes, sino de darles sentido.

Aprendamos a comunicarnos sin perder de vista lo auténticamente humano, que es el servicio. ¡Qué importante es la escucha! Hay una frase preciosa: “¿Qué quieres que haga por ti?”  (Lc. 18,41). Que  nuestros hijos aprendan a escuchar con los ojos y con el corazón, que desde pequeños se acostumbren a “escuchar”, es decir, a captar las necesidades de los demás y mostrar disposición para apoyarlos, de modo que, en actitud de servicio, hagan algo por los otros. Así lograrán una cercanía real con las personas con quienes se comunican.

Hoy se exalta la figura de los influencers. Un influencer en redes sociales es una persona con credibilidad y una comunidad de seguidores que usa plataformas digitales para compartir contenido, opiniones y experiencias, influyendo así en las decisiones y comportamientos de su audiencia, especialmente en lo referente a compras o preferencias de marca. De esta manera, nos convertimos en esclavos de quien está al servicio de intereses mercantilistas.

Por eso es importante considerar algunas sugerencias prácticas para “echar las redes de otro modo”.

Cultivar la espiritualidad del silencio: no ser esclavo de las redes. Desconectarse de esas “redes” para conectarse con las otras redes (con Dios y con la familia).

Cultivar el uso responsable de las redes: es una buena práctica proponer ciertos momentos “sin pantalla”, en los que haya espacio para una comunicación menos virtual y más real.

Cultivar la ternura digital: para no perder la riqueza de la comunicación humana, cuya característica es la ternura, la amabilidad, el trato personalizado, el respeto y la profundidad.

Me gustó mucho lo que dijo Adriana al finalizar su intervención online: “No todo lo que brilla en internet es luz, pero podemos ser luz en internet”. Gran tarea para los padres y maestros.

Salir de la versión móvil