¡Arriba Perú!

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Monseñor Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa

El mismo día en que se declaró la independencia del Perú nació la tradición de celebrar la Misa y Te Deum para dar gracias a Dios por nuestra patria y rezar por sus necesidades. Cada año agradecemos a Dios porque nos ha bendecido con toda clase de recursos naturales, la nobleza de nuestras gentes y la fe católica. Este patrimonio, que hemos recibido de nuestros antepasados, es un don que estamos llamados a custodiar, enriquecer y transmitir a la siguiente generación.

El mejor ejemplo de que lo podemos hacer lo hemos visto en torno a la dramática situación suscitada hace unos meses por El Niño Costero. La pronta respuesta de las autoridades unidas por la misma meta, la solidaridad nacional y la resiliencia con la que nuestros hermanos más golpeados supieron actuar de inmediato son algunos aspectos de nuestra identidad nacional que nos permiten ver con esperanza el futuro, en la medida en que sepamos definir cuáles son los principales problemas que debemos afrontar y cuál es el mejor modo de hacerlo.

En cuanto a los problemas, como se sabe, la ciudadanía en general está de acuerdo en que los más graves son la inseguridad ciudadana y la corrupción. Junto con ellos se menciona la crítica situación del sector salud y del sector educación, así como la ralentización de la economía con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo y la incapacidad para acoger en el mercado laboral a los jóvenes que cada año deben incorporarse a este. Durante los últimos meses se ha añadido la tensión, en tantas ocasiones innecesaria, entre grupos políticos.

No me corresponde dar respuestas técnicas a estos problemas; pero así como todos los últimos papas lo han dicho, incluso el papa Francisco, yo también estoy convencido de que estas dificultades son consecuencia o manifestación externa de un problema más grave que consiste en la pérdida de los valores humanos más fundamentales.

Dicho en otras palabras, esta pérdida de valores, ocasionada en buena parte por el desenfrenado consumismo materialista y por nefastas ideologías contrarias a la naturaleza humana, es la raíz de nuestros problemas. De modo que nuestra prioridad debe ser recuperar aquellos valores que el papa Benedicto XVI llamó “no negociables”: la defensa de la vida, la promoción del matrimonio y el fortalecimiento de la familia como el lugar más adecuado para iniciar a las nuevas generaciones en el camino de la virtud y la búsqueda del bien común.

Por ejemplo, el Estado no debe continuar malgastando dinero en píldoras abortivas mientras que en los centros de salud no hay ni medicinas para los pobres. El Estado no debería haber gastado cerca de 140 millones de soles en introducir un currículo educativo escolar que, como ya se ha dicho, está infectado con la ideología de género, mientras miles de colegios carecen de una mínima infraestructura y de los medios para educar dignamente a nuestros niños.

Por eso, en estas Fiestas Patrias pidamos al Señor que dé discernimiento y fortaleza a nuestros gobernantes, para que nos conduzcan por el buen camino y no se dejen presionar por intereses que no responden a las verdaderas necesidades de los peruanos.

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