Padres, adolescentes y alcohol

Padres, adolescentes y alcohol

¿QUÉ HAGO SI MI HIJO YA SE ESTRENÓ EN EL MUNDO DE LAS BORRACHERAS?

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Muchas veces el alcohol es la ruta de escape que usa el adolescente para evadir problemas emocionales o familiares.

Jorge Pacheco Tejada
Educador

Nuestra cultura se muestra muy permisiva frente al consumo excesivo de alcohol, sobre todo en adolescentes y jóvenes los fines de semana y ocasiones festivas. Este es un problema que no debemos minimizar y en el que el entorno familiar no puede estar pasivo. La realidad reclama atención.

Hablar con verdad
Lo primero que debemos hacer es explicarles a los hijos, con claridad y verdad, cómo les ataca el alcohol.Como padres debemos tener claro que el consumo de alcohol afecta la corteza cerebral, el cerebelo y el tronco encefálico. Por eso es que una ‘borrachera’ manifiesta en primer lugar una euforia suave, relajación y sedación.

También debemos decirles que hay efectos colaterales crónicos como adicción, cirrosis, pérdida de memoria, razonamiento poco equilibrado; y otros que son irreversibles como daños permanentes en la capacidad de aprendizaje y la memoria ya que las neuronas que se destruyen en el hipocampo no se reemplazarán jamás. Los niños y los adolescentes absorben el alcohol más rápidamente que los adultos y sus hígados lo metabolizan con menos eficacia.

La familia

Fortalecer la familia es clave para combatir el consumo de alcohol. Solo desde ella podemos dotar a nuestros hijos de las estrategias necesarias para saber decir “no”. Debemos tener claro, además, que no son los discursos los que educan a nuestros hijos.

La mayor protección que les podemos proporcionar es el saberse pro-fundamente queridos y especiales para nosotros. Una autoestima bien construida les prevendrá de la necesidad de quedar bien con sus amigos o de la frustración de no saber adónde acudir cuando tengan un problema. En el entorno familiar, además, se educa con el ejemplo. Si el padre o la madre, o ambos, beben descontroladamente, no esperen un adolescente que no haga lo mismo.

Educar la voluntad

Una de las grandes luchas de los adolescentes es contra la falta de voluntad. Se dejan llevar por los gustos y placeres. Educar la voluntad es una tarea de largo plazo, pero hay que empezar ¡ya! Podemos, por ejemplo, plantearles metas difíciles para que aprendan a valorar sus logros. Así, se convertirán en personas constantes. De esta manera sabrán lo que quieren ser y no tendrán miedo a conseguirlo.

La fuerza de voluntad es algo que se ejercita, se desarrolla y se robustece con la práctica constante, es como un músculo ansioso de ejercicio. Por ello, cuan-to antes empecemos a trabajar, mejores resultados obtendremos. Nunca es tarde para adoptar un hábito de autocontrol y fortalecer la voluntad.


¿Y si ya empezó a tomar?

Si tu hijo ya se inició en el consumo de alcohol, lo que hay por delante es un camino lleno de trabajo. En el esfuerzo porque el adolescente abandone esta práctica nociva, puede ayudar mucho el decálogo elaborado por la Asociación Española de Pediatría para prevenir el consumo de alcohol:

1. Diálogo con los hijos y aprovechar todas aquellas oportunidades en las que tengan predisposición para hablar.
2. Apostar por actividades de ocio y aficiones comunes para encontrar una forma de diversión que pueda gustar a todos.
3. Un proyecto educativo individual para cada hijo en función de las necesidades que presente cada uno.
4. Transmitir valores tales como la importancia de la familia y en especial la necesidad de mantener un estilo de vida sano.
5. Fomentar que realicen actividades deportivas, que no se queden quietos en casa y que su ocio esté marcado por un estilo de vida sano.
6. Enseñar moderación (sobriedad) en general y en el uso del dinero en particular.
7. Ofrecer un modelo adecuado con el propio consumo de alcohol desde casa. Enseñar que estas sustancias no son sinónimo de diversión.
8. Conocer a sus amigos y su grupo y ofrecer, siempre que se pueda, el propio hogar como lugar de reunión.
9. Mantener unos horarios razonables, pero firmes, para las salidas.
10. Reforzar positivamente las conductas que lo merezcan y negativamente las que requieran corrección, tratando de explicar siempre por qué se ha obrado mal y haciendo que el adolescente razone

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