Carlos Cabrera Ovalle
Médico y profesor del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Católica San Pablo
En el marco del Día Mundial de la Salud, surge una interrogante que no es solo teórica, sino una advertencia sobre la supervivencia del sistema de salud regional: ¿qué sucedería en Arequipa si desapareciera la seguridad social? Lejos de ser un ejercicio académico, este escenario revela que EsSalud es el único amortiguador que impide el colapso ético y económico de nuestra sociedad, ya que el argumento de que el sector privado podría absorber esta demanda se desmorona ante la evidencia. En el Perú, la enfermedad es la puerta principal a la pobreza extrema, y el “gasto de bolsillo” resulta devastador para las familias, según datos de la Enaho.
Por ejemplo, un paciente con insuficiencia renal en Arequipa requiere una inversión real de hasta S/ 7000 mensuales entre sesiones de diálisis, fármacos y laboratorios. Un trabajador que percibe el sueldo mínimo aporta mensualmente apenas S/ 92.25, una cifra que en el sistema privado no alcanzaría para cubrir ni el 2 % de su tratamiento mensual. Mientras que un seguro privado tiene techos de cobertura que pueden agotarse en meses ante una enfermedad catastrófica, la seguridad social ofrece cobertura ilimitada, basándose en un principio de solidaridad donde los sanos sostienen a los enfermos.
Esta eficiencia se hace tangible en la alta complejidad: un trasplante renal ahorra al sistema más del 50 % anual a largo plazo en comparación con la diálisis, devolviendo, además, al paciente a su vida productiva. Sin embargo, la red de Arequipa opera bajo una presión extrema, con una tasa de asegurados del 46.2 %, muy superior al promedio nacional.
El Hospital Nacional Carlos Alberto Seguín Escobedo (HNCASE) es el corazón de la macrorregión sur y enfrenta un déficit histórico: mientras los estándares internacionales sugieren de 3 a 5 camas por cada 1000 habitantes, nuestra región cuenta con apenas 1.4 camas por cada 1000 habitantes. De hecho, el HNCASE opera con apenas el 20 % de las camas necesarias para cubrir dignamente a su población de su zona de influencia. Hacer una comparación de este hospital con el sector privado es un error técnico, ya que mientras el HNCASE es de Nivel 3-1, el 90 % de las clínicas locales son de Nivel 2-1 y carecen de infraestructura para trasplantes o cuidados críticos masivos.
Es decir, la salud nunca debe ser tomada como una mercancía, sino como un derecho humano, debemos saber que, desaparecer EsSalud institucionalizaría una “cultura del descarte”, donde el enfermo crónico sería visto solo como un pasivo financiero. La verdadera salud de nuestra comunidad se mide por cómo protegemos a los más frágiles cuando el dinero ya no alcanza.











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