Christiaan Lecarnaqué
Hubo un tiempo en que los escultores fueron personajes importantes y bien pagados en la sociedad. Uno de ellos fue Bernardo Pérez de Robles, un escultor de Salamanca (España) que elaboró importantes imágenes de Cristo crucificado para las iglesias de Arequipa en el siglo XVII.
Pérez de Robles llegó al Perú en momentos en que la fe crecía en el país y requería de artistas para diseñar estas imágenes veneradas en las iglesias. Según Rafael Ramos Sosa, docente de la Universidad de Sevilla, el escultor arribó a Lima, junto a varios artistas españoles, en 1644.
En la capital elaboró imágenes como la Inmaculada Concepción de la Catedral de Lima e instaló retablos y altares mayores en este templo. En ese entonces, los artistas extranjeros eran muy apreciados, hasta que lo peruanos aprendieron el oficio.
Por esas épocas, el arte de Bernardo Pérez Robles también sería requerido en Arequipa.
Durante el seminario “La escultura peruana del siglo XVII a través de la obra de Bernardo Pérez de Robles”, organizado por el Centro de Estudios Peruanos de la Universidad Católica San Pablo (UCSP), Ramos Sosa afirmó que existe un contrato notariado donde se le encarga al artista el crucificado de la Vera Cruz de la Iglesia de Santo Domingo.
Por este trabajo le pagaron 600 pesos, una suma considerable para la época donde se acostumbraba remunerar entre 300 a 400 pesos a estos artistas. “Los escultores de esos años eran bien valorados”, señaló Ramos Sosa. Según contrato, la obra se realizó en cuatro meses.
El Cristo Yacente de Santo Domingo
El experto consideró que este escultor salamanquino también realizó el Cristo Yacente que protagoniza las celebraciones de Semana Santa en Arequipa, principalmente, cuando sale en procesión en el Santo Sepulcro, en Viernes Santo.
Aunque no hay documentos que así lo prueben, luego de una examinación de la escultura, Ramos Sosa concluyó que se trataría de un trabajo de Bernardo Pérez de Robles. Explicó que el estilo de esta imagen es similar al del Cristo de la Vera Cruz, principalmente, en el cabello y la barba.
Del mismo modo, subrayó que hay un trabajo minucioso en el denominado paño de pureza, que recubre la zona íntima, un elemento que esmeraba a los artistas de la época. “Estuvo varios años en Arequipa, así que no es descabellado pensar que hizo más de un solo trabajo”, señaló. Se cree que se quedó nueve años en la Ciudad Blanca.
EL DATO
El escultor Bernardo Pérez de Robles también habría elaborado el Cristo crucificado de la Iglesia de La Compañía de Jesús de Arequipa.
Un trabajo de fe
Bernardo Pérez de Robles retornaría a Salamanca, donde continuaría con sus labores de escultor. Sin embargo, según Ramos Sosa, aquí dejó su mejor trabajo: el Cristo de la Agonía de 1671, realizado con la condición de “rezar un credo por los agonizantes en las Indias”. “Había bastante fe y devoción por parte de los artistas que hacían los crucificados”, mencionó.
Además, comentó que los trabajos que ejecutó posteriormente en España reflejan una maduración en la factura y una fusión de estilos entre sus creaciones peruanas y españolas.











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