Irvin Dongo Escalante
Director del Centro de Investigación e Innovación en Electrónica y Telecomunicaciones de la Universidad Católica San Pablo
En la era de los datos abiertos, la disponibilidad masiva de información permite integrar, combinar y reutilizar recursos provenientes de múltiples fuentes. Sin embargo, este ecosistema altamente interconectado incrementa el riesgo de revelar información sensible, incluso cuando los datos publicados parecen –en apariencia– inocuos o anónimos. La simple vinculación entre datasets heterogéneos puede permitir inferencias no deseadas que comprometan identidades, atributos privados o relaciones críticas entre entidades.
Frente a este escenario, la anonimización se convierte en un componente esencial del proceso de publicación, intercambio y reutilización de datos, tanto en ámbitos gubernamentales como científicos y empresariales. No se trata únicamente de eliminar identificadores directos, sino de reducir, transformar o generalizar características que, combinadas con información externa, podrían permitir la reidentificación o la deducción de información sensible.
Modelos clásicos han dado forma a los principios fundamentales de privacidad, pero su aplicación directa resulta limitada ante estructuras complejas como grafos, donde las entidades están conectadas mediante relaciones semánticas. En estos entornos, la protección requiere técnicas más robustas, capaces de considerar tanto la estructura del grafo como el significado y el contexto de las entidades relacionadas.
El proceso de anonimización debe entenderse como una parte estructural y no opcional del ciclo de vida del dato, ya que implica identificar posibles fuentes de divulgación, analizando cómo un adversario podría combinar datos para inferir información sensible. La generalización de relaciones, la agregación o la reducción de granularidad permite preservar la utilidad del dato mientras se minimiza el riesgo de inferencia.
Así mismo, la evaluación constante de la protección de datos es crucial en escenarios donde existe una constante generación de nuevo conocimiento.
La anonimización deja de ser una operación puntual para convertirse en un proceso integral de gobernanza de datos, indispensable para garantizar un intercambio responsable, ético y seguro de información, especialmente en un entorno donde los enlaces semánticos multiplican las posibilidades de correlación.
Mediante técnicas de anonimización bien diseñadas, contextualizadas y medibles es posible aprovechar el potencial de los datos abiertos sin comprometer la privacidad ni la integridad de los individuos u organizaciones representadas en ellos.











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