Liz Ferrer
La mañana del lunes 16 de marzo, el desierto entre Perú y Chile amaneció con una imagen nunca antes vista en la historia fronteriza de los dos países: zanjas en el territorio chileno, abiertas por el Ejército de ese país. Estas excavaciones son parte del “Plan Escudo Fronterizo”, implementado por el presidente José Antonio Kast.
Las zanjas, de tres metros de profundidad, tienen como fin impedir el paso de los migrantes en condición irregular hacia Chile. Kast, político de ultraderecha, apenas asumió el mando anunció la modernización de la vigilancia fronteriza, que incluye el uso de drones, cámaras térmicas, sistemas biométricos y barreras físicas.
Las zanjas están cerca de la línea fronteriza con Perú, al lado de la carretera Panamericana que conecta Tacna y Arica. Estas dos ciudades mantienen un flujo constante de viajeros, siendo Tacna la principal puerta de los chilenos al Perú. La relación entre ambas ciudades es amistosa y trabajan constantemente por su integración.

Frontera y migrantes
“Estuvimos en Perú también, planteando que íbamos a hacer esto (zanjas). Nuestros vecinos peruanos tienen conocimiento de lo que estamos haciendo. Ellos también anhelan la paz para su región”, afirmó Kast ante la presencia de la prensa peruana en medio de su visita a la frontera.
Durante la actividad, Kast y sus ministros evitaron precisar cómo se ejecutarían las expulsiones masivas de migrantes irregulares, promesa formulada durante su campaña electoral y eje central de su propuesta en materia de seguridad y lucha contra el crimen organizado.
En un inicio, en plena época electoral, planteó dejar a los migrantes ilegales en la frontera, luego propuso la creación de un corredor humanitario; sin embargo, esta iniciativa fue rechazada por el entonces presidente peruano, José Jerí.
Se estima que en Chile hay más de 330 000 migrantes en situación irregular. La promesa de Kast en 2025 motivó la migración irregular de ciudadanos venezolanos hacia Tacna, que huían de la anunciada expulsión y enfrentaban, además, una situación laboral complicada.
El gobierno de Kast tiene en marcha la elaboración de un proyecto de ley que busca tipificar como delito el ingreso clandestino al territorio chileno, con penas de cárcel en su grado mínimo (entre 61 y 540 días).
Por otro lado, en Tacna existe el temor de que la migración irregular aumente como consecuencia de las políticas asumidas en Chile. El ministro de Defensa de Chile, Fernando Barros Tocornal, sostuvo que su país ejecutará su plan fronterizo sin afectar las buenas relaciones con Bolivia y Perú. Insistió en que no se cierran las puertas a la migración regular.
EL DATO
Tras los anuncios de José Antonio Kast, el expresidente peruano José Jerí decretó la emergencia en la frontera peruana, ordenando el despliegue de tropas a la zona para controlar la migración irregular. Actualmente, solo la Policía Nacional del Perú resguarda la seguridad en el límite con Chile.

¿Las zanjas y muros desunen?
El internacionalista peruano Miguel Rodríguez Mackay cuestionó la construcción de zanjas. Reconoce que Chile tiene derecho a proteger su soberanía; sin embargo, “las zanjas y muros dividen y no forman parte de una política de integración”.
“Perú y Chile son países que se han construido con una mística distinta a países como Estados Unidos; sin muros ni zanjas. ¿Quiénes son tus vecinos? ¿Venezuela?¡No! Los vecinos de Chile son Perú y Bolivia. Hay que tener mucho cuidado con este tipo de acciones y el mensaje que dan”, argumenta Rodríguez Mackay.
Por su parte, el analista político Jaime Bautista Aquino expuso que las zanjas, más que frenar la migración, serán una barrera para el contrabando de ropa usada que se traslada desde Arica hacia Tacna.
Los comerciantes de la feria conocida como la “Cachina” venden ropa usada que compran en Arica o Iquique. El comercio de esta mercancía está prohibido en Perú, por eso ingresa de manera clandestina por las pampas donde hoy se cavan las zanjas.
Tacna es una ciudad con un 70 % de informalidad laboral; en ese contexto, la “Cachina” conforma una gran actividad económica que cada semana moviliza a miles entre comerciantes y público en general. No existen cifras oficiales, pero se estima que alrededor de diez mil personas trabajan de forma directa o indirecta en las ferias de segundo uso.
Bautista propone que el Gobierno peruano formalice la venta de ropa usada en Tacna para así ayudar a la economía local y salvaguardar la vida de los comerciantes que pasan la frontera llevando esta mercadería. “Arriesgan su vidas por trabajo. No roban, no matan, solo venden ropa en las calles”, dice Bautista.
El cavado de zanjas concluirá en tres meses. Chile no ha precisado cuál será la extensión de las zanjas en la frontera, la única información oficial indica que su objetivo es reducir los 90 puntos de pasos informales en su territorio.
Desde Tacna, la comunidad observa con expectativa cómo las políticas del gobierno de Kast podrían afectar, o favorecer, el flujo entre la ciudad peruana y el norte chileno.











Discusión sobre el post