Liz Ferrer Rivera
El 1 de diciembre de 2025 se encontró el cuerpo de un niño de aproximadamente 3 años de edad en un área descampada en el centro poblado de Jayllihuaya, a 5 km de la ciudad de Puno. La Fiscalía determinó que se trataría de un niño extranjero por sus características físicas y la ausencia de sus pequeñas huellas en el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (Reniec).
El pequeño estaba envuelto en una manta y vestía ropas que no lo protegían del intenso frío. Su muerte ocurrió unos días después de que el Gobierno peruano declarara en emergencia la frontera entre Perú y Chile y ordenara la instalación del Ejército en el límite fronterizo para evitar el paso de migrantes en condición irregular.
El 3 de enero, Estados Unidos detuvo al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y tomó control de este país. En Tacna, el 4 de enero, el ciudadano venezolano Gabriel (35) caminaba por las calles oyendo las noticias junto a su hija de diez años. Él reconoció que durante 4 días cruzó el desierto entre Tacna y Arica (Chile) para ingresar a Perú y seguir camino a su país.
A pesar de la presencia militar, los migrantes buscan ocultarse en quebradas y caminar durante toda la noche. Gabriel reconoció que otros compatriotas optaron por la ruta Chile-Bolivia-Puno, pero para él esa es una ruta peligrosa por las bajas temperaturas.
En Tacna, su hija y él pueden dormir en las calles mientras reúnen dinero para comprar sus pasajes en bus; en Puno, con la ropa que llevan y sin alimentos podría morir de hipotermia y hambre, como habría ocurrido con el niño hallado en un descampado en Puno.
“Llevo 8 años fuera de mi país. Salí huyendo por la falta de alimentos, allá era ingeniero y trabajaba para el Ejército. En Chile trabajé en cualquier oficio que pudiera, pero ya nadie contrata a venezolanos. Quiero volver a mi patria”, relató Gabriel.

Sin opciones
Los ciudadanos venezolanos requieren de una visa para ingresar al Perú y entre los requisitos están el pasaporte vigente, antecedentes penales, cédula, fotos, solvencia económica y reserva de vuelo y hotel, además de una carta de invitación y el pago de 30 dólares. Ningún migrante en condición de pobreza puede siquiera pagar el trámite de su pasaporte.
En Chile, el presidente electo José Antonio Kast prometió durante su campaña expulsar a los venezolanos en condición irregular y, días después, propuso la creación de un corredor humanitario entre Chile, Perú y Ecuador para el traslado de migrantes. El presidente José Jerí rechazó esa alternativa, argumentando la problemática de inseguridad ciudadana en Perú.
Los migrantes venezolanos no pueden permanecer en Chile por la falta de empleo y las políticas migratorias estrictas; a la vez, tampoco pueden ingresar al Perú de forma legal. Ante la falta de alternativas, recurren a la migración irregular, su aparente única salida para regresar a su país de origen.
EL DATO
Según el Monitoreo de Frontera de Acnur en Tacna, un 9 % de las personas refugiadas entrevistadas en 2025 mencionó que necesitaba recibir atención psicológica.
Los riesgos a los que se exponen
Perú es el segundo país del mundo que acoge a más personas refugiadas y migrantes de Venezuela, con 1.6 millones de residentes. De ese total, más de medio millón son solicitantes de la condición de refugiado.
La agencia de la ONU para refugiados, Acnur (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), asistió a más de 32 400 personas refugiadas en Tacna. En puntos fronterizos y de tránsito, Acnur apoyó a casi 5000 personas.
La población refugiada que llega a Tacna proviene mayoritariamente de Venezuela, Ecuador y Colombia. De acuerdo con el Monitoreo de Frontera realizado por Acnur en Tacna en 2025, el 62 % de las personas entrevistadas declaró estar en riesgo de retornar a su país de origen.
En 2025, un tercio de las personas asistidas por Acnur en Tacna eran niños, niñas y adolescentes menores de 18 años, y el 48 % eran mujeres. Ese año, Acnur asistió a más de 9400 niños, niñas y adolescentes refugiados.
“Nueve de cada diez familias refugiadas entrevistadas sufrieron incidentes de seguridad en su viaje. Tres de cada cuatro personas reportaron haber sido víctimas de extorsión o amenazas de extorsión, mientras que cuatro de cada diez indicaron haber sufrido el robo de dinero, pertenencias o documentos”, señala el reporte de Acnur.

Esperanza
La hermana Carmen Rosa Orozco, de nacionalidad venezolana, labora en el banco de alimentos de la capilla Señor de Locumba. Ella atiende también a migrantes, compatriotas suyos, y ha escuchado las historias de boca de ellos, los abusos y tragedias que viven cruzando el desierto peruano y chileno.
“Uno me dijo: ‘Un hombre murió en el camino y lo dejamos ahí, no podíamos cargar con él’. Hay mucha gente que ha muerto en el viaje que hacen y hasta hoy sus familias no lo saben porque se perdieron en la ruta”, concluye la religiosa.
El niño hallado en Puno fue enterrado el 1 de enero. Una docente y alumnos de la Universidad Nacional del Altiplano gestionaron su sepultura y le dieron un nombre: Emanuel Esteban. Lo despidieron entre cánticos y oraron para que ningún niño migrante sufra hambre o frío, y logren todos volver a su patria a salvo.











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