Los outsiders: entre la sátira y el caballo de Troya

Carlos Timaná Kure
Director del Centro de Gobierno de la Universidad Católica San Pablo

Las elecciones peruanas han vuelto a instalar una certeza incómoda: la incertidumbre es la única constante. Las encuestas dibujan, otra vez, un escenario fragmentado, donde la pregunta clave no es quién ganará, sino quién acompañará a Keiko Fujimori en la segunda vuelta.

La lideresa de Fuerza Popular compite por primera vez sin la sombra de su padre. Encabeza los sondeos, pero su persistente antivoto limita sus opciones de victoria. Aun así, su presencia en el balotaje parece asegurada.

Hasta hace poco, Rafael López Aliaga era el acompañante más probable. Sin embargo, el avance de la campaña y la reducción de indecisos han abierto espacio para dos figuras inesperadas: el comediante Carlos Álvarez y el exalcalde Ricardo Belmont.

Álvarez capitaliza el desencanto. En los debates no ofreció un programa sólido, pero sí algo que escasea en la política peruana: la risa. Si los votantes perciben pocas diferencias sustantivas entre candidatos, la sátira puede convertirse en una forma de protesta, que puede ser premiada con el voto.

Belmont, en cambio, representa un retorno. Su victoria en Lima en 1989 fue también la de un outsider que supo conectar con el electorado mediante la innovación mediática. Hoy intenta replicar esa fórmula. Pero su candidatura arrastra dudas más serias: su cercanía con sectores vinculados al castillismo y la falta de un deslinde claro generan suspicacias.

En ese contexto, Belmont podría encarnar algo más inquietante que una simple sorpresa electoral: un posible vehículo de intereses políticos menos visibles. Para muchos, no es solo un outsider, sino un eventual caballo de Troya.

El electorado peruano, una vez más, parece debatirse entre la desconfianza y la resignación. Y, en ese terreno fértil, los outsiders encuentran su oportunidad.

Salir de la versión móvil