Verónica Pilco Mamani
Profesora del Departamento de Ciencias Naturales de la Universidad Católica San Pablo
La región de Arequipa enfrenta actualmente un proceso de transformación que exige repensar su modelo energético, especialmente en el ámbito habitacional. En un contexto de crecimiento urbano, aumento de la demanda eléctrica y vulnerabilidad ambiental, la transición hacia fuentes renovables en el sector vivienda se perfila como una estrategia para garantizar sostenibilidad, equidad y resiliencia ante el cambio climático.
La irradiación solar promedio en Arequipa, de 6,5 kWh/m²/día con unas 2 370 horas efectivas anuales, permite generar hasta 2 250 kWh/kWp instalado, ideal para sistemas fotovoltaicos y térmicos domiciliarios. Aunque el potencial fotovoltaico posiciona a Arequipa como líder nacional, con proyectos solares en ejecución (Sunny, Illa, San José, Sol de Verano I) que aportarán más de 900 MW al Sistema Eléctrico Interconectado Nacional (SEIN) entre 2026 y 2028, su aplicación en viviendas sigue limitada por la dependencia del GLP y de la red tradicional.
La radiación solar, pese a ser alta en nuestra región, sigue siendo un recurso subutilizado. La mayoría de las construcciones residenciales dependen casi exclusivamente del suministro eléctrico tradicional y del gas licuado de petróleo (GLP), lo que incrementa la huella de carbono y la vulnerabilidad económica de los hogares ante las variaciones de precios energéticos. La incorporación de tecnologías solares fotovoltaicas y térmicas, junto con sistemas pasivos de eficiencia energética, permitiría reducir sustancialmente el consumo doméstico y contribuir al cumplimiento de los compromisos nacionales de mitigación de emisiones.
Desde una perspectiva de política pública, la transición energética en el sector vivienda requiere un enfoque integral, donde converjan la planificación urbana, la regulación técnica y la educación ambiental. Experiencias de electrificación y tecnologías para cocción y calentamiento de agua en distritos rurales de Caylloma, Condesuyos, La Unión y Castilla demuestran que estas intervenciones han mejorado las condiciones de vida y reducido la dependencia de combustibles fósiles. Mientras que, en áreas urbanas, la integración de viviendas sociales con diseño bioclimático y tecnologías de autogeneración podría ampliar este impacto a mayor escala.
Por otro lado, investigadores de las universidades de la región Arequipa desarrollan actualmente líneas de investigación sobre eficiencia energética, materiales sostenibles y energías renovables aplicadas a la construcción. Sin embargo, persiste la necesidad de consolidar una articulación efectiva entre investigación, gestión pública y sector privado para la transferencia tecnológica, a fin de convertir la innovación en políticas habitacionales concretas. Un posible punto de partida sería la formulación de un Plan Regional de Vivienda Energéticamente Sostenible, que promueva incentivos fiscales, créditos verdes y certificaciones de eficiencia energética.
La transición energética en el sector vivienda no solo representa un componente técnico de modernización, sino una apuesta ética por un modelo de desarrollo equitativo y sostenible. Arequipa dispone de los recursos naturales, el capital humano y la capacidad institucional para liderar este proceso.
