Una isla y Latinoamérica

Una isla y Latinoamérica

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Javier Quintanilla Calvi
Estudiante de Música

Por lo general no me llevo bien con los shows escolares. Aun así, algo escéptico, fui a ver la última función de La Isla, puesta en escena del elenco de los colegios Villa Caritas y San Pedro de Lima en el teatro de la Unife. No creo que sea correcto juzgar una obra escolar de la misma manera que una profesional, pero hay que reconocer que dentro de todo, La Isla estuvo mucho mejor lograda que cualquier presentación promedio del medio escolar peruano.

Dicho esto, quisiera comentar el fondo de la obra: Latinoamérica. El director, Marcelo Rodríguez, dice: “Latinoamérica es un caso único en el mundo, pues más de veinte países y veinte millones de kilómetros cuadrados de superficie comparten la misma identidad cultural”. Diana Cueva, autora del guion, comenta que “es la tierra de lo inesperado, la tierra del milagro”.

El argumento lo corrobora: un emprendimiento, un sueño, amigos que deben irse a buscar nuevas oportunidades; la separación y el reencuentro, la distancia, el calor y cariño del barrio, la unidad de la familia, la identidad ante la alienación. Todos estos elementos, enfatizados por música esencial del canon popular latinoamericano, adornan una historia de amor e identidad que, aunque predecible y estereotípica, toca el corazón con la misma caricia suave con lo que lo haría también una película de Disney o cierta literatura juvenil.

¿Qué es Latinoamérica? Inocentemente, La Isla ofrece algunas perspectivas: es echar pa’lante, es tradición y conservadurismo, es flojera y esfuerzo. Es más: pobreza económica y contradicciones; familia, danzas y bellos colores estridentes. Para algunos —y para mí— es, además, una gran apuesta, un proyecto en marcha.

¿Dónde cabe Latinoamérica? La respuesta es más sencilla de lo que parece: cabe en un pañuelo. En el de la Marinera, la Zamba y la Cueca. En los pañuelos bordados de las abuelas, y en los que se limpia el sudor o se secan las lágrimas y las penas.

Cabe en aquel pañuelo que conserva los aromas de seres queridos cuando están lejos y en el que se envuelven las comidas para su transportación. Latinoamérica también cabe en ese pañuelo con aires de inmigración y herencia intercultural producto de la interconectividad oceánica, pañuelo incluso con aires de esclavitud.

Efectivamente, a Latinoamérica la conforman más de veinte países, que cubren veinte millones de kilómetros cuadrados de selvas, bosques, playas y cordilleras. Se suman también los mares que besan sus costas y los lagos que reflejan el sol en el día y las estrellas en la noche.

De igual manera aparecen los animales y plantas de sus diversas regiones. Y junto a todo esto, y por encima de ellos, unos seiscientos treinta millones de personas que la habitan, y muchos más que la recuerdan con nostalgia desde el extranjero. Sí, Latinoamérica es un fenómeno único en el mundo. Y todo ese fenómeno cabe en un pañuelo.

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