Una democracia en agonía

Una democracia en agonía

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María Alejandra Maldonado
Docente de Derecho Internacional

“A ponerse las alpargatas, que lo que viene es joropo” es un refrán venezolano muy popular que se usa cuando se espera que las cosas se compliquen más. Y todo indica que así será, pues la situación económico-social, el respeto al Estado de derecho y la democracia venezolana en su conjunto están agonizando.

Por estos días, el derecho internacional público (DIP) hace noticia, específicamente en lo referido al ‘reconocimiento de Gobierno’. Cuando les planteo este tema a mis alumnos, les pido que estén atentos a los ‘saludos’ que recibe el ganador de una elección presidencial. Ese acto unilateral y soberano de los Estados de felicitar al presidente electo es una forma de ‘reconocimiento de Gobierno’.

Ahora bien, igualmente soberana es la decisión de ‘no reconocimiento’ de un presidente electo, algo que hemos visto recientemente a raíz de las ‘elecciones’ presidenciales del pasado 20 de mayo en Venezuela, cuya legalidad y legitimidad están cuestionadas tanto por haber sido convocadas fuera del procedimiento constitucional como por el bajo índice de participación de los electores (32.4 % del padrón electoral).

El efecto dominó del ‘no reconocimiento’ se inició con los países miembros del Grupo de Lima, que desconocieron los comicios “por no cumplir con los estándares internacionales de un proceso democrático, libre, justo y transparente”. Los líderes del G7 se sumaron al rechazo, al igual que la Unión Europea.

Estados Unidos, de manera unilateral, anunció nuevas sanciones de impacto económico en contra del gobierno de Nicolás Maduro y sus funcionarios más cercanos. Lo propio ha hecho recientemente el Gobierno de Canadá.

A nivel de la OEA, donde todo corre más lento, existe un esfuerzo diplomático para lograr que se active la Carta Democrática Interamericana y que, finalmente, se apruebe la exclusión de Venezuela por no “promover la democracia y el respeto al Estado de derecho entre sus Estados miembros”.

Es probable que la población venezolana no perciba las consecuencias a este ‘no reconocimiento’ de manera inmediata. Ello toma tiempo. Pero la verdad es que estas medidas de presión sí afectan. Así que, señor Maduro, le recomiendo desempolvar las alpargatas porque el joropo está por venir.

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