Todos contra el Arzobispo

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Renato Sumaria Del Campo

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No sé en qué parte del proceso electoral se está entrometiendo el Arzobispo de Arequipa, Monseñor Javier Del Río Alba. Lo que el prelado ha expresado sobre el voto del católico y el aborto fue dicho al final de una Misa, dentro de un templo católico, amparando en doctrina católica y dirigiéndose a católicos. Así que no entiendo la rasgada de vestiduras de casi todo el progresismo peruano si es justamente eso lo que le piden a la Iglesia: que se dedique a difundir su moral sólo entre sus fieles.

A no ser que realmente les incomode que haya un Obispo consecuente que haga uso del deber y derecho que como pastor tiene de advertirle a su grey sobre los peligros de ciertas decisiones. Porque, valgan verdades, eso es lo que ha hecho Monseñor Del Río. Y lo ha hecho sin titubeos. Que no les guste es otra cosa. Que incluso algunos católicos que militan en Acción Popular y el Frente Amplio se hayan podido sentir cuestionados en sus opciones políticas es comprensible, pero precisar doctrina no es ofender a nadie.

Por otro, no veo en lo que dice Monseñor algo ajeno a la catolicidad. Sobre todo a lo referido al voto cuando de por medio hay temas vinculado al aborto. “Un católico sería culpable de cooperación formal en el mal, y tan indigno para presentarse a la Sagrada Comunión, si deliberadamente votara a favor de un candidato precisamente por la postura permisiva del candidato respecto del aborto y/o la eutanasia.

Cuando un católico no comparte la posición a favor del aborto o la eutanasia de un candidato, pero vota a favor de ese candidato por otras razones, esto es considerado una cooperación material remota que sólo puede ser admitida ante la presencia de razones proporcionalmente graves”, escribió el Cardenal Ratzinger cuando era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en una carta dirigida a los obispos norteamericanos en plena duda sobre si era lícito negarle la comunión a un político pro-aborto.

La Iglesia enseña a sus fieles que si se vota deliberadamente por un candidato pro aborto se es indigno para recibir la Comunión. No se recibe la Comunión cuando se está en pecado. El resto es obvio. Una sola es la precisión que hace Ratzinger. Esta viene cuando se vota por un candidato pro-aborto atendiendo otras razones, aunque el mismo texto aclara que estas excepciones deben ser proporcionalmente graves al aborto y/o la eutanasia. Y honestamente no veo que esa situación se esté presentando en esta etapa de la campaña electoral peruana. Monseñor Del Río ha ratificado sus expresiones y eso, lejos de hablar mal de él, debería ser una nota interesante en un entorno en el que la gente cambia de opinión como de medias.

Podemos debatir si el Arzobispo se quedó corto y debió mencionar a varios candidatos más en la lista de pro-abortistas y pro-matrimonios gay. Tal vez algunos dirán que no debió mencionar nombres y asunto resuelto. O calificar de inoportuna la foto con Lourdes Flores y Juan Carlos Eguren que abrió el comentario sobre el favorecimiento de una candidatura en desmedro de otras. Pero con todo, no se puede menoscabar el derecho y el deber de un pastor católico de hablarles a sus fieles sobre los peligros morales de ciertas decisiones, siempre en vistas a salvaguardar la fe.

Cabe una reflexión final. Tal vez con este entredicho no esté tanto en juego una intromisión de la Iglesia en las elecciones sino la capacidad de los católicos de votar en orden a los principios que defienden y su deseo de atender a sus pastores cuando estos se pronuncian sobre aspectos centrales. Más aún, está en juego el asumir o no la catolicidad en todos los aspectos de la vida de uno, sea cuando se va a la iglesia, sea en el trabajo, sea cuando se camina por la calle, sea hasta en las urnas cuando se vota por un candidato.

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