Todo está de cabeza

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Juan Carlos Eguren
Excongresista

Cuando todo parece encaminarse después de dos años perdidos, cuando los indicadores macroeconómicos comienzan a rebotar (PBI, consumo, inversión, empleo, recaudación) y las expectativas y la confianza del sector empresarial superan el área del pesimismo, la percepción ciudadana lanza un baldazo de agua helada a toda la clase política y tecnócrata.

La última encuesta señala que para el 78 % de los peruanos el país está estancado, y en la escala tradicional de 0 a 20 califican al Congreso con 6, al Poder Judicial con 7 y al Poder Ejecutivo con 9.

Por alguna extraña razón no se publican los resultados del Ministerio Público ni de la prensa, pero probablemente tampoco pasen de un dígito.

Es difícil encontrar las razones de este disloque. Podemos especular desde la derrota de nuestra selección ante Dinamarca hasta el huaico de malas noticias, que nos embargan a diario, espetadas por la prensa ‘que nunca se vende pero siempre se alquila’ —con importantes excepciones—.

Tampoco fue suficiente el esfuerzo de diálogo y colaboración mostrado en los últimos meses por el Poder Legislativo y el Gobierno, que hay que felicitar y alentar, aunque muchos que criticaban la aspereza del trato hoy critican el diálogo y la concertación democrática que aún con tibieza ya se percibe para bien.

Este disloque no se arregla por la gracia de Dios, los astros no se alinearán solos como en el universo. Resolver esto es tarea compartida. ¿Qué podemos hacer al respecto? Como individuos, trabajar más y mejor. Como empresarios, apostar, invertir, generar empleo y actuar con integridad en todos los aspectos. Como gremios, poner al país por delante.

Como políticos, volver al origen, al bien común y al interés general, superando las miserias, los intereses individuales y de grupos de presión. Como sociedad, ser más respetuosos y tolerantes, dejando de ver la paja en el ojo ajeno y ponderando a los niños, mujeres y ancianos como corresponde.

Finalmente, como gobierno, ser ambiciosos, atrevidos, reformistas, insatisfechos; correr riesgos; tomar atajos; pensar en los cimientos (principios, valores, educación) más que en la coyuntura; pensar en el segundo piso (reforma y modernización del Estado, institucionalidad, transparencia y simplificación, competitividad) más que en parches y maquillajes del primer piso construido hace veinte años.

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