Criticar la ideología de género no es defender la pedofilia

Criticar la ideología de género no es defender la pedofilia

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Manuel Rodríguez Canales
Teólogo

Cuando uno critica la ideología de género se está refiriendo antes que nada a una doctrina, un conjunto de ideas que sostiene que el sexo y el género son de naturalezas distintas: el primero sería biológico y el segundo cultural y construido por la sociedad.

La primera crítica es la que reclama que esta distinción se fundamente científicamente y no discursivamente. Hasta ahora, más allá de agresiones o preguntas retóricas, no he visto tal fundamentación.

Lo que he visto son teorías, hipótesis y peticiones de principio sin más rigor científico que el propio de tales expresiones. El mero señalamiento de los hechos (como, por ejemplo, decir que existen personas de ambos sexos con conductas sexuales diversas) no es el final de la discusión científica, sino su principio.

La segunda crítica es que, seamos honestos, la ideología de género sí existe. Y en el contexto educativo peruano la honestidad que se pide es que se reconozca que está presente en el currículo, eso ayudaría a debatir sobre su conveniencia o no.

Tampoco he visto honestidad cuando uno pregunta, por ejemplo, si la homosexualidad, la transexualidad o la ‘transgeneridad’ son géneros, porque si se afirma que sí, es evidente que a los niños se les enseñaría que se puede ser cualquiera de estos géneros, que son independientes del sexo y cabe la posibilidad de que cualquiera pueda estar engañándose respecto a su género.

Ahora bien, ¿cómo así una discusión de este tipo sería defender la pedofilia, ocultarla o blindarla? Todo abuso y toda violencia sexual son detestables, pero pocas cosas son más abominables que traicionar la fe de una persona para someterla a las bajas pasiones.

He visto el sufrimiento de víctimas de abusos sexuales. He dado batalla para que las cosas se esclarezcan y se sancione a los responsables. Es por eso mismo que critico la ideología de género y me opongo a incluirla en la educación de los niños.

Me parece no solo una intromisión imprudente y a una edad inadecuada, en la que solo los padres pueden intervenir, sino también un peligroso caldo de cultivo para abusos y confusiones afectivas y sexuales de todo tipo.

Seguramente muchos de los amigos que defienden la ideología de género lo hacen con buenas intenciones. Buscan la igualdad y la extinción del machismo, la violencia familiar y la injusta discriminación, los prejuicios o el odio a las personas homosexuales. En las buenas intenciones estamos de acuerdo, no así en el medio para hacerlas realidad. Esa es la discusión.

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