La pobreza es mucho más que porcentajes

La pobreza es mucho más que porcentajes

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Germán Chávez Contreras
Rector de la UCSP – Economista

La pobreza ha sido siempre una preocupación que ha tratado de ser abordada de diferentes maneras por los responsables de las políticas públicas. En estos días, se han presentado nuevas estadísticas que hablan de un 20.7 % de la población nacional en estado de pobreza monetaria (6.5 millones de habitantes) y también nos dice que la pobreza extrema comprende al 3.8 % de la población nacional (1 millón 197 mil habitantes). Estas son las estadísticas, pero no es todo lo que podemos decir sobre la pobreza.

Para aproximarnos al tema, entendamos que la pobreza monetaria se mide basándose en el valor de la canasta básica de consumo que es de 328 soles por persona, y la pobreza extrema se calcula con relación a la canasta básica alimentaria que es de 176 soles por persona; ambas calculadas por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).

Veamos. La pobreza monetaria se refiere al porcentaje de personas que no tienen el ingreso suficiente para pagar el valor de la canasta básica de consumo de referencia, mientras que la pobreza extrema expresa lo mismo, pero con relación a la canasta básica alimentaria. Como porcentaje, la pobreza extrema parece un número pequeño, pero como población son casi dos millones de personas que no tienen dinero para pagar los alimentos propios y mucho menos los de su familia.

La situación se torna más grave aún si revisamos lo que ocurre en las áreas rurales de nuestro país. En ellas, en el año 2016 la pobreza llegó al 43.8 %, mientras que la extrema pobreza afectó al 13.2 %.

Estos datos tendrían que llevarnos a reflexionar sobre las palabras de San Juan Pablo II, cuando nos decía que la pobreza es una herida por donde sangra la sociedad y que nadie debería permanecer indiferente mientras exista un solo pobre sobre la faz de la tierra. Ciertamente, es una aseveración muy fuerte, pero así de fuerte debe ser nuestro compromiso con los más pobres, si realmente queremos ser protagonistas en la construcción de una sociedad más justa, solidaria y reconciliada.

Es mucha gente la que sufre, y esto nos debe llevar a la reflexión y a la consideración de que los planes de crecimiento o los planes de reconstrucción (con o sin cambio) deben tener como norte el desarrollo integral y sostenible, para lo cual necesitan ser planteados en perspectiva del bien común, que busca el desarrollo humano y el espiritual de todos. Entendido así el bien común, podemos afirmar que el desarrollo económico y el social no son posibles en la desigualdad, la indiferencia ni la exclusión, sino más bien en la integración que asume la solidaridad como valor social.

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