El fútbol como camino de aprendizaje

El fútbol como camino de aprendizaje

¿SU HIJO TIENE TALENTO? NO SE APRESURE, ES TIEMPO DE FORMARLO

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La formación del futbolista es un largo proceso que implica muchas variables.

Renato Sumaria del Campo 

“En el futuro van a surgir los futbolistas inteligentes, los jugadores con más velocidad mental y de ejecución, van a estar un paso delante del resto”, dice Benito Montalvo, director deportivo de Fundación Marcet para menores de 14 años. Para este formador argentino, afincado en Barcelona, luego de la era Messi-Ronaldo —que es excluyente— surgirán “más jugadores estrategas”.

“El análisis será una de las herramientas que más se van a utilizar. Los futbolistas mismos van a estar autoanalizándose. Entonces, ya no solamente contarán con la percepción que puede tener un entrenador, sino que ellos mismos tomarán conciencia de fortalezas y debilidades, y verán cómo crecer sobre esos objetivos”, amplía en diálogo con ENCUENTRO.

¿Cómo preparar a ese futbolista del futuro? ¿Qué aspectos se deben tomar en cuenta para formar un profesional de este deporte?

Proyecto

“Messi es Messi también porque entrena”, se le oye decir a un entrenador de menores en Arequipa. La frase contiene una sabiduría formativa con la que Benito Montalvo está de acuerdo. Es más, apunta que el inicio de un proceso exitoso no siempre es el talento, sino el trabajo en aspectos no necesariamente relacionados con el juego.

“Los alumnos llegan con dotes que tienen por naturaleza o por alguna pequeña base lograda en la infancia. Pero también presentan factores externos e internos que pueden funcionar como catalizadores o inhibidores de estas dotes”, explica.

Estos factores, explica Montalvo, si son internos, “tienen que ver con la autoestima, la superación, la inteligencia emocional, etc. Todos influyen a la hora de determinar el crecimiento de un jugador”. Y cuando habla de externos se refiere “al entorno familiar, los amigos, la cultura del país donde uno nace y crece futbolísticamente”.

Todo lo anterior influye a la hora de formar un jugador. Más aún, influye para lograr que este llegue a ser profesional. Si no se toma en cuenta ello, sostiene el técnico argentino, “se ven jugadores con buena base, pero de los cuales solo 2 o 3 % llega a ser profesional. Eso pasa porque se habla solo de talento y se pierde un trabajo de formación del jugador. En este apresuramiento, se pierde de vista la importancia de un proceso formativo”.

Formación para todos

Es común escuchar que detrás de algunas historias de éxito futbolístico se esconden pasados complicados. Grandes cracks han sido niños pobres creciendo en contextos peligrosos. Diego Armando Maradona, por ejemplo, pasó su niñez entre la pobreza y la violencia de Villa Fiorito.

Cristiano Ronaldo es hijo de la necesidad de una de las zonas más pobres de Portugal: el barrio de Funchal, en la olvidada isla Madeira. Dani Alves dormía en una cama de cemento en su pequeña casa del barrio de Juazeiro, en Bahía, Brasil. Y así…

También, por cierto, existen futbolistas de élite que no han experimentado la necesidad económica y provienen de contextos sociales mejor estructurados. Ricardo Izecson dos Santos Leite, Kaká para los amigos, es uno de ellos: hijo de un ingeniero y una maestra, pasó una niñez bastante feliz en un barrio de clase media de Sao Paulo.

Tomando en cuenta ambos contextos, las preguntas para Benito Montalvo son ¿cómo se canaliza el deseo de ser profesional de chicos venidos de contextos sociales opuestos? ¿Es distinta la necesidad de ser futbolista de un niño pobre que de un niño de familia acomodada?

La respuesta del formador es clara: “Se plantea el proceso de aprendizaje tanto para un alumno que pueda venir del desarraigo social como para un alumno que viene de una familia estructurada y que no tiene esa necesidad”.

La lógica que aplica Fundación Marcet es la de los objetivos a corto plazo. “Mantener la motivación del futbolista en los pequeños pasos. No tener la vista final en la fama o el poder adquisitivo que da el éxito profesional, sino tener la visión en estos pequeños plazos que van ganando, que pueden ser mejorar la técnica o los aspectos de toma de decisión en el juego. Son detalles que hacen mucho”, explica Montalvo.

Meta cognición

Fundación Marcet tiene un método de trabajo que se basa en identificar en el futuro futbolista algunos comportamientos específicos que van desde la técnica individual hasta los movimientos biomecánicos. Estos valores son ponderados en función de la posición en el campo, la edad y la condición física del alumno.

Los formadores ‘diseccionan’ esos comportamientos para darle información concreta al jugador sobre si lo que hace o no en el campo es correcto. Luego existe una evaluación de los aspectos técnicos y de la toma de decisión que determinará en qué momento real de aprendizaje se están situando los alumnos.

El objetivo es “lograr una meta cognición, que es la técnica de ´aprender a aprender´. Iluminar al alumno, implicarlo en su proceso cognitivo para que sea él quien llegue a la respuesta. Todo, con el apoyo de su entrenador”.

Un juego

Aun con toda esta información de aprendizaje, técnica y movimientos, el fútbol no deja de ser un juego. Las acciones formativas deben estar encaminadas a jugar y hacer ejercicios, buscar la cohesión de grupo a través de dinámicas, y conocerse mejor.

Desde su experiencia en Marcet, Benito Montalvo recomienda brindar más acompañamiento a los más chicos: “Cuando son pequeños, hay más personas involucradas en el proceso. Son más apoyados, tienen un control muy ameno”.

Y es desde el juego que se van viviendo los valores. “Se debe ayudar al chico a entender que un partido solamente es un momento, que si bien tiene que darle importancia porque como jugadores están comprometidos con un grupo, también tienen que valorar su crecimiento. Pueden ver el partido y analizar si lograron sus objetivos. Si no lo hicieron, no es el fin del mundo”, concluye.


La sede de Marcet

El programa anual de formación de la Fundación Marcet se realiza en su sede central, en Barcelona (España). Allí, de septiembre a junio de cada año reciben alumnos de diferentes países.

Una vez en la sede, los chicos pasan a vivir en una residencia, van al colegio (y se les hace un seguimiento con tutores y profesores) e ingresan a la dinámica deportiva, en la que tienen a su disposición entrenadores, analistas de juego, psicólogos, fisioterapeutas, médicos y personas encargadas de la nutrición, entre otros profesionales. Actualmente, la sede de Marcet aloja a 150 alumnos y cuenta con un número similar de profesionales.

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