Educar para afrontar la incertidumbre

Educar para afrontar la incertidumbre

EN UN MUNDO LLENO DE CAMBIOS Y TRANSFORMACIONES

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Frente a la incertidumbre ayuda mucho el saber que la vida tiene sentido porque tenemos una misión.

Jorge Pacheco Tejada
Educador

Siento que pocas veces nos detenemos los padres de familia y los educadores a tratar de entender las circunstancias nuevas por las que hoy atraviesa la juventud. Hemos sido educados para afrontar las vicisitudes de la vida, pero nunca imaginamos nosotros —ni nuestros padres— que el mundo en el que viviríamos iba a estar lleno de grandes cambios que, junto con la novedad, traen también mucha incertidumbre. ¿Cómo educar a los hijos para responder a este nuevo escenario?

El futuro

Hay que preparar a los jóvenes para que afronten esta incertidumbre con espíritu positivo, expectativa y entusiasmo, sabiendo que de por medio está su desarrollo personal. Una de las tareas fundamentales en su educación es que aprendan a asumir riesgos.

Es importante ayudarlos a aceptar que la vida siempre tiene una dosis de incertidumbre. Es imposible conocer el futuro, ni controlarlo. La única certeza que tenemos es que existimos y que dejaremos de existir.

Que sean fuertes

Para afrontar la incertidumbre se necesita fortaleza, cuyo acto principal es la resistencia. Enséñale a tu hijo a resistir las dificultades para que pueda superar los obstáculos que se le presenten en la consecución del bien.

Cuánto daño hacemos los padres al resolverles todo a nuestros hijos, al facilitarles todo, al impedirles cualquier esfuerzo, al resolverles toda dificultad, al pretender evitarles cualquier temor. Sin embargo, no se trata de dejar de sentir temor, sino de enfrentar la situación.

Orden

Aceptar la existencia de la incertidumbre nos obliga también a poner cierto orden a nuestra vida y planificar el futuro, preocupándonos poco a poco por lo que pueda surgir.
Se puede entonces enseñar a nuestros hijos la virtud de la providencia que consiste en fijarse en el fin lejano para ordenar a él los medios oportunos y prever las consecuencias que puedan surgir. Una persona providente no se contenta con una mirada a corto plazo, sino que se lanza con ilusión a construir el futuro.

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