Convivir en un clima de armonía

Convivir en un clima de armonía

LA FAMILIA FORMA PERSONAS CAPACES DE RELACIONARSE CON OTROS

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La fraternidad es una dimensión esencial del hombre, que es un ser relacional.

Jorge Pacheco Tejada
Educador

En general, el ser humano debe aprender a convivir en un clima de armonía. Es en sociedad que el hombre se desenvuelve a plenitud. Pero este es un aprendizaje que le va a costar todo su ciclo vital. Por eso hay que empezar desde pequeño.

El niño debe aprender a superar el egoísmo y descubrir que la convivencia le exige dar lo mejor de sí mismo, de lo contrario no se despliega ni enriquece su personalidad y su potencialidad social.

Al llegar a la adolescencia, el ser humano descubre el valor de la amistad que le va preparando para el desarrollo afectivo pleno, que en la juventud lo prepara para el matrimonio. Luego descubrirá el sentido de entrega y donación de sí mismo para llegar a la plenitud de la paternidad.

Fraternidad

Enseñar a convivir significa que nuestro hijo debe ir poco a poco descubriendo que está llamado a desarrollar todas aquellas competencias que harán de él un ser capaz de desenvolverse en convivencia armónica, pacífica, solidaria y comprometida con el bien común.

El ser humano está llamado a crecer en fraternidad, como un sello distintivo de su naturaleza. En tal sentido, conviene recordar lo dicho por el Papa Francisco: “La vida plena tiene un anhelo indeleble de fraternidad. No tenemos enemigos o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer. La fraternidad es una dimensión esencial del hombre, que es un ser relacional. Sin ella, es imposible la construcción de una sociedad justa, de paz estable y duradera”.

Modernidad

Uno de los desórdenes de la vida moderna es que vamos construyendo un mundo caracterizado por la ‘globalización de la indiferencia’. Poco a poco, nos habituamos al sufrimiento del otro, al punto de una profunda falta de fraternidad y de la ausencia de una cultura de solidaridad.

Se pregunta el Papa Francisco: “¿Los hombres y las mujeres de este mundo podrán corresponder alguna vez, plenamente, al anhelo de fraternidad que Dios Padre imprimió en ellos? ¿Conseguirán, solo con sus fuerzas, vencer la indiferencia, el egoísmo y el odio, y aceptar las legítimas diferencias que caracterizan a los hermanos y las hermanas?”.

Por eso es importante educar en el conocimiento de las personas que nos rodean, para que así surjan los sentimientos de cariño, respeto, tolerancia, solidaridad y fraternidad. Si analizamos el sentido de la convivencia humana, nos daremos cuenta de que la falta de fraternidad es causa importante de la pobreza relacional, que no es otra cosa que la carencia de sólidas relaciones familiares y comunitarias.

Educación

La educación familiar y la escolar, en la etapa de la niñez y de la adolescencia, son propicias para enseñar a convivir. Eso implica cambiar algunos estilos de vida y aprender a construir y mantener una sociedad a la medida de la dignidad humana.

Significa, entre otras cosas, recuperar las virtudes de prudencia, templanza, justicia y fortaleza.Es necesario recordar que somos hermanos y, por eso mismo, debemos educar a nuestros hijos en no considerar al prójimo como enemigo o adversario al que hay que despreciar o eliminar.

La fraternidad genera paz social, porque crea un equilibrio entre libertad y justicia; entre responsabilidad personal y solidaridad, entre bien individual y bien común. Descubrir la fraternidad es lograr ser capaces de dejar que afloren nuestros sentimientos de amor, perdón y solidaridad, y de darnos cuenta de que estamos hechos para el amor.

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