San Juan Pablo II: una “reliquia” muy vigente para los jóvenes

San Juan Pablo II: una “reliquia” muy vigente para los jóvenes

LA ACTUALIDAD DE UN MENSAJE QUE INVITÓ A NO TENER MIEDO

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Durante todo su pontificado Juan Pablo II se sintió muy cerca de los jóvenes, a quienes siempre les dedicó palabras y reflexiones.

Javier Gutiérrez Fernández–Cuervo

Durante estas semanas estamos gozando en Arequipa de una suerte inmensa: yendo de una parroquia a otra, las reliquias de San Juan Pablo II o San Juan Pablo Magno, como algunos prefieren llamarle, están otorgando la posibilidad a tantísimos jóvenes arequipeños de estar cerca del santo que nos visitó en 1985.

Aquellos que nunca pudieron gozar de su presencia física tienen ahora esta gran oportunidad. La reliquia de este Papa, un mechón de su níveo cabello, más que signo de la antigüedad de esta figura, es un símbolo de la vigencia que el santo polaco sigue teniendo en nuestra sociedad.

Amigos

También hace pocas semanas hemos gozado justamente de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Polonia. Ahí, en la tierra de San Juan Pablo II se ha realizado la JMJ número 13, continuando lo que este santo iniciara en 1987 y creando así un fenómeno, cuanto menos, histórico: casi 23 millones de jóvenes en total movilizados por el mundo.

¿Qué tenía San Juan Pablo II para lograr estas cifras? ¿Cuál era su secreto, su receta? ¿Qué tiene para decirnos hoy el Papa polaco? El que aseguró ser un joven de 83 años, ¿qué mensaje tiene para los jóvenes de hoy?

La Carta Dilecti Amici )(”Queridos amigos”), escrita en el mismo año en que nos visitó en Arequipa, nos puede dar una luz sobre el tema. En ella, dirigida a los jóvenes de todo el mundo, el Papa desarrolló todo su pensamiento en base a un diálogo evangélico: Jesús con el joven rico.

Rico y joven

En nuestra dialéctica occidental se olvida la ancianidad, se exalta la técnica del adulto y se idolatra la soltura del joven, que queda reducido a un sujeto con la responsabilidad de un niño pero con permiso y promoción para hacer tantas locuras como su cuerpo le permita.

San Juan Pablo II coincide en que el personaje bíblico no es joven y además rico, sino que es rico porque es joven, pero para él esta riqueza tiene un matiz muy diferente: no consiste en su capacidad física, sino en el abanico de posibilidades que se le abren.

Es en la juventud donde toca dejar la infancia y madurar, hacerse preguntas sobre la vida eterna, dirigirse a ese Cristo que tiene las respuestas, buscar ese ”¿qué me falta?”, comenzar a direccionar una vida que te va a identificar y abrirse al famoso ”No tengan miedo”, que resaltó tanto en su mensaje el Papa polac

Esperanza

San Juan Pablo II no nos trató a los jóvenes como infantes agrandados, sino que nos enseñó a sopesar el pasado, a valorar el presente y a construir el futuro. Nos confirió una responsabilidad inmensa: “En vosotros está la esperanza, porque pertenecéis al futuro y el futuro os pertenece”.

Nos invitó a viajar por el mundo, ahorrando entre jornada y jornada para reunirnos cada 3 años con él en un nuevo confín, en un nuevo país o incluso en un nuevo continente. Y, en cada encuentro, los jóvenes cantamos con él sin cesar un canto que perdura hasta hoy: “¡Esta es la juventud del Papa!”.

Nos enseñó, en definitiva, a no tener miedo: ni miedo de ser joven y santo, ni de amar y perdonar, ni de tomar decisiones eternas como el matrimonio o el celibato, ni de ser rebelde contra las rebeldías de la adolescencia. Él nos mostró con actos más que con palabras todas estas cosas, manteniéndose siempre poseedor de la juventud del Papa.

Él, siempre alegre, afirmó una vez: “Soy un joven de 83 años”. Porque tenemos la posibilidad de ser la juventud del mundo o la juventud del Papa; y mientras haya un joven que se fíe de sus primeras palabras como Sucesor de San Pedro: “No tengan miedo”, entonces el Papado en esa persona seguirá siendo joven, seguirá siendo vigente, seguirá siendo una luz para hoy.

Hoy más que nunca se necesita de una reliquia que nos hable de eternidad. Este impresionante Papa, desde el cielo y con las reliquias de su cuerpo, nos sigue enseñando e invitando a una vida de santidad. San Juan Pablo Magno, ruega por nosotros, tus ”queridos amigos”.

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