Pura influencia: Fuera de carta

Pura influencia: Fuera de carta

UN FILME QUE TIENE POR ÚNICO OBJETIVO BRINDAR LIVIANA DIVERSIÓN

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La cinta gira en torno a la decisión de ‘salir del clóset’ de algunos hombres que tuvieron relaciones con mujeres.

César Belan

Javier Cámara, protagonista de las recordadas Hable con ella (2002) y La mala educación (2004), interpreta en Fuera de carta a un extravagante chef en esta farsa de corte homosexual. Esta peculiar clasificación —que define con mayor o menor éxito a películas como La jaula de las locas (1996)— puede pintar de cuerpo entero a esta cinta.

Estamos, pues, ante un filme para la televisión que tiene por único objetivo brindar unos minutos de liviana diversión, y sí que lo logra.Sin embargo, en él podemos rastrear una larga lista de ‘influencias’ que van desde el cine hasta cuestiones de corte coyuntural.

Es innegable el sello que Pedro Almodóvar ha podido imprimir en Nacho García, el director de la cinta, quien además de trabajar con Cámara y demás miembros del equipo del afamado director español mantiene toda su línea temática e ‘ideológica’.

Temática homosexual

Con todo, no estamos frente a una película con soberbio colorido y delicados tonos. Estamos, más bien, frente a una grotesca versión del trasfondo que Almodóvar pretende evidenciar, y no tendría que ser de otra forma, ya que las ambiciones de la película no son otras.

La temática homosexual del cine posfranquista se puede rastrear desde directores, como Eloy de la Iglesia —a quien no pudo superar Pedro Almodóvar—, hasta esta cinta light, pasando por el ya citado manchego.

Es evidente, pues, que estamos ante un fenómeno social —la homosexualidad y su ‘cultura’— que define a la España actual como ningún otro (salvo, tal vez, la violencia en el seno de la familia), y que en la cinta resalta como un trauma que entrecruza la vida de los personajes, a pesar del superficial mensaje de tolerancia e integración que esta rezuma.

Sociedad herida

Cuestiones aparte del meollo del ‘problema homosexual’ y sus posibles ‘soluciones’, vemos que en una sociedad en la que las heridas de una guerra civil aún no han cerrado esta temática puede resumir el trance de la idiosincrasia de un pueblo radicalmente conservador, que en la pugna por ‘estar acorde con los tiempos’ hace remecer sus cimientos hasta la médula de su identidad y su integración como nación.

La cinta es un buen termómetro de la coyuntura: en ella vemos cómo se culpa a los mayores de la discriminación, sin embargo, en todos los personajes sociales la tensión hacia el homosexual es evidente. En ella, el personaje más empático es el que representa al españolísimo ‘macarra’, quien no atenúa su fuerte dosis de machismo a pesar de la línea de la película.

Finalmente, en ella se expone el problema de manera descarnada y describe situaciones en extremo violentas a causa del homosexualismo —a pesar de ser una comedia—. Sin embargo, en el desenlace, lo menos verosímil es el final feliz, por el cual, como por arte de magia, personajes evidentemente enfrentados llegan a una feliz solución.

Estamos, pues, ante lo que pasa en España: todos buscan la solución integradora y confían en ella, pero esta no parece verosímil y aún permanece lejana.


Fe de erratas

En nuestra edición pasada (Encuentro 222), en esta misma página, consignamos a César Belan como autor de la nota “La Rusia de los años treinta: The Inner Circle”. Aclaramos que la autoría del artículo le corresponde a Valquiria Perea. Pedimos disculpas por el error.

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