Los filmes contemplativos: La trilogía de Apu

Los filmes contemplativos: La trilogía de Apu

TRES PELÍCULAS INDIAS EN LA CÚSPIDE DE LA CINEMATOGRAFÍA MUNDIAL

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Satyajit Ray nació en Calcuta el 2 de mayo de 1921 y murió el 23 de abril de 1992 en la misma ciudad.

César Belan

“Cuando el neorrealismo llega a la India y se funde con el budismo hindú: un filme contemplativo”. Así catalogaba Guillermo Cabrera Infante —prolífico escritor y crítico de cine cubano— a “La canción del camino”, la primera entrega de la saga de Satyajit Ray; trilogía que hoy en día está reconocida como una de las cúspides de la cinematografía mundial.

Cuasidocumental

Transcurría la primera mitad de la década de los cincuenta y Caín (seudónimo de Cabrera Infante) incluía en su relación de sus doce mejores películas a la recién estrenada “Pather Panchali” (1955), modesta película india que solo pudo terminarse gracias a la subvención del Gobierno de Bengala.

Es así que, de primera intención, se consideró a esta obra maestra como un maravilloso filme cuasidocumental; sin embargo, las magníficas cualidades técnicas de la película (como la ambientación y la fotografía), un sencillo pero sólido guión y un maravilloso marco natural y ‘cultural’ —resaltado, como pocas veces, por la música del maestro Ravi Shankar— hacen de ella la mejor película realizada hasta ahora en la India, y quizá una de las mejores de todos los tiempos.

Revolución

Ray había iniciado una revolución en su modesta Bengala con su primera película, y ante el impacto causado el propio primer ministro indio subvencionaría los dos siguientes filmes de la trilogía: “El invencible” y “El mundo de Apu”. En ellos, sin dejar de evidenciar la calidad técnica y dramática en manos de Ray, recorremos entusiastas e hipnotizados los progresos y reveses de Apu, el pequeño de cuyo nacimiento fuimos testigos en la primera entrega.

Las tres películas son dignas de verse, por todo lo antedicho, incluso de un tirón. El tono “contemplativo” —a decir de Cabrera Infante— nos sumirá en el delicioso letargo de esta sensible —nunca sensiblera— producción, para luego introducirnos en el misticismo y la desbordante emoción de la India.

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