La migración peninsular en Arequipa a fines del siglo XVIII

La migración peninsular en Arequipa a fines del siglo XVIII

Llegada de los españoles contribuyó en el crecimiento económico y comercial de esta ciudad

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La familia Goyeneche es una de las más representativas en la historia de Arequipa.

José Víctor Condori

La destacada posición alcanzada por Arequipa como una importante ciudad del virreinato peruano después de la capital, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, estuvo relacionada con una serie de circunstancias muy significativas que fueron ocurriendo durante este periodo. Así tenemos el arribo de un nutrido grupo de migrantes vascos y navarros con fuertes vínculos comerciales en la península; la creación del virreinato del Río de la Plata y la separación momentánea del Alto Perú en 1776; y, finalmente, la apertura del puerto Arica al tráfico directo con España, a raíz de la publicación del Reglamento de Comercio Libre, en 1778.

Con respecto a la migración española, los cambios ocurridos en la metrópoli e inspirados en las reformas políticas y administrativas de los borbones alentaron a mediados de este siglo una masiva migración peninsular, particularmente montañeses, vascos y navarros hacia el continente americano. La mayoría de ellos eran jóvenes oficiales de milicias, comerciantes o funcionarios de baja categoría, con vínculos en la península y algún pariente bien instalado en las Indias.

Por interés
Al poco tiempo de establecerse en América, muchos de los migrantes hispanos buscaron consolidarse por medio de ventajosos matrimonios con hijas de importantes familias criollas, investidas no solo de una envidiable posición dentro de la sociedad local, sino sobre todo de una cuantiosa dote con la cual dieron inicio a una meteórica carrera empresarial, que en pocos años los llevó a su encumbramiento social, político y económico dentro de las respectivas élites regionales.

En cuanto a la ciudad de Arequipa, estos fueron los casos de reconocidos vecinos de origen peninsular, como Juan Crisóstomo de Goyeneche y Aguerrevere, Mateo Cossío de la Pedrueza, Antonio Alvisuri y Sagasti, Juan Fermín de Errea y Eugui, Raymundo O’Phelan y Ayluardo, José Alonso Díaz de Barreda, Manuel Roíz del Barrio, Juan José de Arechabala y Leal, Juan Andrés Zumarán, Juan Cristóbal Berrogaray, Francisco Antonio Martínez, Fernando García Gonzales y Raymundo Gutiérrez de Otero.

Dentro de este grupo, destacaron notoriamente Juan de Goyeneche, casado con María Josefa Barreda y Benavides; Mateo Cossío, con Joaquina Urbicaín y Carasa; Antonio Alvisuri, con María Josefa Fernández Maldonado; y Juan de Errea, con Ana María de la Fuente y Loayza. En poco tiempo, ellos lograron convertirse en los más grandes propietarios de tierras de la ciudad y los más poderosos comerciantes de la región; además, ocuparon varias veces los cargos de alcalde y de regidor en el cabildo local, ostentaron los grados más altos en las milicias disciplinadas de la provincia e incluso alcanzaron el reconocimiento de Goyeneche, Cossío y Errea, durante más de treinta años, como los únicos diputados y representantes del comercio de Arequipa ante el Tribunal del Consulado de Lima, el más importante gremio de comerciantes del virreinato.

El linaje Goyeneche

El más conocido de los migrantes que llegó a Arequipa fue Juan de Goyeneche, que tuvo cuatro hijos varones: Pedro Mariano, oidor de la Audiencia de Lima; José Manuel, brigadier de los ejércitos reales y reconocido como Grande de España; José Sebastián, obispo de Arequipa y luego arzobispo de Lima; y Juan Mariano de Goyeneche y Barreda, comerciante y propietario local, quien se casó con María Gamio y Araníbar y quien fuera el único en dejar descendencia.

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