¡El rosario tenía cláusulas!

¡El rosario tenía cláusulas!

¿Cómo podemos hacer para que este rezo sea menos mecánico?

150
0
Compartir
El rosario o ‘corona de rosas’ es una ofrenda a la Virgen María.

Javier Gutiérrez Fernández-Cuervo

Muchas veces, a la hora de enfrentarnos con la idea de rezar el rosario, preferimos recurrir a otros tipos de oración porque, supuestamente, este es aburrido y mecánico, y siempre se dice lo mismo. Es común pensar que como otros rezos son más creativos y variados, estos favorecen una oración más real y conversacional con Jesús. Sin embargo, si recurrimos a la Rosarium Virginis Mariae, de san Juan Pablo II, podemos encontrar un apoyo muy útil para el rezo del rosario.

Aquí se insiste en el aspecto contemplativo: “Recitar el rosario, en efecto, es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo”. Por ello, el santo polaco propuso una serie de elementos y ayudas para que se realice de forma menos mecánica y más contemplativa. Entre ellas, vamos a ver las llamadas cláusulas, porque estas no requieren ningún material físico y pueden implicar una revolución positiva para los más necesitados de variedad.

Las cláusulas consisten en pequeñas frases que acompañan al nombre de Jesús y están dedicadas a evocar algún elemento del misterio rezado. Es decir, entre “y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús” y “Santa María, madre de Dios” se añaden unas palabras referidas a Jesús en ese misterio. Como dijo san Juan Pablo II, el recurso a las cláusulas “es una costumbre loable. […] Es profesión de fe y, al mismo tiempo, ayuda a mantener atenta la meditación”.

Por ejemplo, en el misterio de la Anunciación, podemos decir: “… y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús, quien, siendo Dios, se hizo hombre por amor. Santa María, madre de Dios…” y así encontrar diez puntos a destacar en cada misterio. De este modo, cada avemaría se convierte en algo nuevo y lleno de intensidad, pues no solo nos mantiene atentos, sino que nos obliga a profundizar de modo real en la contemplación de cada misterio.

No se trata de un invento moderno, sino de una práctica muy antigua que Pablo VI ya la comentaba: “Es sabido que, precisamente para favorecer la contemplación y ‘que la mente corresponda a la voz’, se solía en otros tiempos —y la costumbre se ha conservado en varias regiones— añadir al nombre de Jesús, en cada avemaría, una cláusula que recordase el misterio anunciado”. Por esto, con la recitación de las cláusulas no hacemos nada extraño, sino que mantenemos una praxis viva de la Iglesia.

Este recurso nos puede ayudar a profundizar más en el rosario. Y por si alguno pensase ¿esto no lo hace aún más largo y tedioso?, la experiencia propia demuestra que la sensación del tiempo es relativa: cuando algo aburre, parece más largo que cuando te mantiene atento. Así, aunque objetivamente consuma más tiempo, este pasará de forma menos notoria, pues la atención exigida por las cláusulas impedirá la sensación de aburrimiento.

Finalmente, cabe destacar que las cláusulas tampoco deben ser una cuestión de improvisación de cada día. No existen cláusulas oficiales, pero cada uno puede investigar e ir afinando las suyas para que no invente cincuenta cláusulas cada día. El hecho es que, ya sea espontáneamente o por medio de cláusulas establecidas, si se hace con rectitud, esta práctica nos puede impulsar a entrar más profundamente en los misterios rezados en comunión con Dios y la Virgen María.


Importante

Rosarium Virginis Mariae propuso muchos elementos buenos para enriquecer el rezo del rosario, pero la novedad de los misterios luminosos opacó estas propuestas.

No hay comentarios

Dejar una respuesta