El rito, una película que le hace honor a su nombre

El rito, una película que le hace honor a su nombre

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“Lo interesante de los escépticos es que siempre estamos buscando pruebas. La pregunta es ¿qué vamos a hacer si las encontramos?”.

César Belan

Las posesiones diabólicas son y serán un tema cinematográfico que afiebrará de cuando en cuando nuestras mentes, a la vez que insuflará aires de vigencia a la temática religiosa en el cine.

De esta manera, El rito se nos presenta como un filme que recrea de manera simbólica la decadencia de la Iglesia católica en los tiempos modernos, al igual que sus predecesoras: El exorcista (1973) y Exorcismo (1974), pero quizá no con el mismo acierto.

Honor a su nombre

Usualmente estos filmes carecen de fundamento doctrinario, ya que explotando el lado más sensacionalista del fenómeno religioso y su liturgia se deja de lado el trasfondo ético-moral que los inspira, desnaturalizándose así por completo el rito. Sin embargo, este filme hace honor a su nombre, y se presenta como una de las pocas cintas del género que está sujeta —en parte— a los dictados de la Iglesia; eso sí, sin sacrificar los necesarios giros y requiebros ficcionales.

Así, la última escena nos presenta una imagen plena de significado: Michael Kovak, el incrédulo exorcista, finalmente ejerce el ministerio de la confesión, sacramento que según la tradición apostólica es el verdadero azote del demonio.

¿Lograda?

Por otro lado, ya en términos cinematográficos, podemos afirmar que El rito no es una película muy lograda. Frente a la iniciadora de la saga deja mucho que desear, en especial con respecto a los matices y los tonos fotográficos, el tratamiento de las escenas y la música. La obra maestra de William Friedkim mantenía coherencia y uniformidad entre temática y forma, El rito, por su parte, no lo logra, a pesar de pretender mantener la misma lógica.

Quizá el desarrollo de la historia, un guion más ligero y sus secuencias en locaciones abiertas diluyen el ambiente opresivo que por momentos se quiere recrear, aquel que nos trae a la memoria las logradas escenas de El exorcista. No obstante lo dicho, y a pesar de sus errores formales, esta cinta es una interesante propuesta.


Hopkins: otro lote

Es remarcable la actuación de Anthony Hopkins, en quien muchas veces recae todo el peso de la cinta. Las vistas de Roma son siempre placenteras, a pesar de ser estereotipadas. Finalmente, solo queda recomendar al precavido lector, además de disfrutar este filme, portarse bien para evitar cualquier visita inesperada del demonio.

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