El pilar olvidado

El pilar olvidado

LA DOCTRINA ES UNO DE LOS CUATRO PILARES QUE SOSTIENE EL CATOLICISMO

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La formación en doctrina católica es muy importante para dar razón de la fe a un mundo escéptico y relativista.

Javier Gutiérrez Fernández-Cuervo
Filósofo

Todos los católicos sabemos, sin duda, que Dios nos ama y que Cristo ha entregado su vida para salvarnos. Todos conocemos, sin vacilación alguna, que es un mandamiento ir a Misa los domingos. Además, todos entendemos que robar es malo, y nos hemos aprendido de niños esa oración que rezamos siempre: el Padrenuestro. Todo eso es bueno, indiscutiblemente; pero si a eso se redujera la formación católica, todos seríamos santos y, en vez de las farolas, nuestras aureolas iluminarían las calles.

Católicos sin formación

Estos conocimientos generales son buenos pero no bastan, hace falta una formación doctrinal en cuestiones esenciales a la religión que profesamos y, en ese sentido, experimentamos una crisis a todas luces evidente. La formación católica y moral está, como lo llamó Benedicto XVI en su Carta sobre la tarea urgente de la educación, en una ‘emergencia educativa’ muy particular.

El Santo Padre, demostrando una vez más la grandísima altura de su pensamiento, afirma: “A diferencia de lo que sucede en el campo técnico o económico, donde los progresos actuales pueden sumarse a los del pasado, en el ámbito de la formación y del crecimiento moral de las personas no existe esa misma posibilidad de acumulación, porque la libertad del hombre siempre es nueva y, por tanto, cada persona y cada generación debe tomar de nuevo, personalmente, sus decisiones”.

La ‘ruptura entre generaciones’, de la que también habla en la Carta, es patente. Dos generaciones atrás, la pregunta: “¿Para qué estamos en este mundo?” podía encontrar con mayor facilidad —y de manera inmediata como si le hubieras preguntado una multiplicación de la tabla del dos— la respuesta: “Para la salvación de nuestras almas”.

Hoy, dudas cristológicas, sacramentales, morales o devocionales básicas, hacen temblar a muchos católicos que prefieren colgar en las puertas de su casa carteles como “Este hogar es católico, respete mi fe”, cuando más bien lo correcto sería “Lo siento, soy católico pero no sé dar razón de mi fe, evite hacerme dudar”.

Los cuatro pilares

El catolicismo se sostiene sobre cuatro pilares, que son las cuatro partes que componen el Catecismo de la Iglesia Católica: verdades que haces tus verdades, celebraciones que celebras, vida que vives y oraciones que rezas. Quizás nuestra mentalidad occidental entendería que la formación católica consiste únicamente en la formación doctrinal que corresponde al primer pilar; pero, como sucede con todo lo que viene de Dios, no existe una parte sin el todo, un pilar sin los demás, y no es posible obtener una verdadera formación católica sin celebrarla, sin vivirla y sin ofrecerla.

Es probable que la lógica, cierta y real, de que el Catolicismo no es solo un conjunto de dogmas, sino un encuentro personal con Cristo Resucitado nos haya hecho creer erradamente que habría que dejar de enseñar las verdades que están llamadas a ser nuestras verdades para dar paso a pastorales más vivenciales y, en teoría, profundas.

Urgencia

Es absolutamente necesario retornar a una pastoral de formación doctrinal. Cuando preguntas cuál es el Primer Mandamiento de la Iglesia la mayoría responde “Amarás a Dios sobre todas las cosas”, porque no sabe que además de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios existen los Cinco Mandamientos de la Iglesia, que son diferentes.

Los Sacramentos, las Obras de Misericordia Corporales y Espirituales, las Bienaventuranzas, los Pecados Capitales y sus Virtudes Contrarias, las Virtudes Cardinales, las Virtudes Teologales, las Armas de la Fe, la diferencia entre Pecado Venial y Mortal, los Enemigos del Alma, las Potencias del Alma, los Dones del Espíritu Santo y sus Frutos, y un largo etcétera se presentan hoy como misterios que solo unos poquísimos afortunados conocen por su propio interés.

Cuando reencontremos este pilar olvidado, quizás incluso nos sorprenda que no resultaba tan difícil responder a disyuntivas actuales como el aborto terapéutico, la unión civil o la píldora del día siguiente.

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