El cambio de liderazgo en Arequipa después de ocurrida la independencia

El cambio de liderazgo en Arequipa después de ocurrida la independencia

Entre 1825 y 1830 hubo un reordenamiento en la dirigencia económica y política

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Una vez que se selló la independencia peruana en Ayacucho, ocurrió un cambio de liderazgo a nivel nacional y regional.

Víctor Condori

La independencia en el Perú trajo consigo una profunda crisis económica, provocada por la destrucción o la paralización de las principales actividades económicas, como la minería, la agricultura, la ganadería y, en menor medida, el comercio de importaciones.

Esta situación se vivió de manera más dramática en la región de Arequipa, donde la principal actividad económica, la producción de vinos y aguardientes, fuente principal de riqueza y prestigio para muchas familias de la élite regional, entró en un proceso de decadencia, casi irreversible, a partir de 1821 y hasta su colapso definitivo ocurrido a mediados del siglo XIX.

Por otro lado, y como consecuencia de esta crisis, se produjo un cambio en el liderazgo económico y político dentro de la región. Tradicionalmente, este estaba en manos de comerciantes, hacendados y propietarios, tanto criollos como peninsulares, pero de manera progresiva fueron desplazados por los comerciantes extranjeros, los profesionales y los militares.

El nuevo liderazgo surgía por las mayores posibilidades de empleo e influencia política que se presentaban en el Gobierno local y en el nacional; en parte, debido a la aparición de numerosas instituciones republicanas, como el Congreso, las tesorerías, las aduanas, el cabildo, la prefectura y las subprefecturas; además del ejercicio independiente de la profesión.

Nuevas profesiones

En tal sentido, muchas familias de la élite local buscaron asegurar el futuro de sus miembros a través del ejercicio de las profesiones que adquirían más notoriedad. Ese fue el caso de la familia del hacendado Manuel Diez Canseco, cuyos tres hijos, Pedro, Manuel y Francisco, siguieron la carrera militar y lograron alcanzar el grado de general en la segunda mitad del siglo XIX. Incluso, Pedro Diez Canseco y Corbacho llegó a ser en tres ocasiones presidente provisional del Perú.

De la misma forma ocurrió con los hijos de Manuel Paz Soldán, tesorero de las cajas reales, Mariano Felipe, José Gregorio y Mateo, quienes siguieron la carrera de Derecho en la recién fundada Universidad Nacional del Padre San Agustín (1828).

Ellos sobresalieron en el mundo intelectual y político del Perú decimonónico (siglo XIX), particularmente, José Gregorio Paz Soldán y Ureta, quien se desempeñó como fiscal de la Corte Suprema de Justicia y como ministro de Relaciones Exteriores del Perú en el primer gobierno de Ramón Castilla.

Alianzas matrimoniales

Pero la carrera de las armas no fue vista como un medio para asegurar la fortuna solo de los hijos varones, sino también de las propias hijas, quienes no en pocas ocasiones fueron casadas con jóvenes oficiales que ya empezaban a distinguirse dentro del ejército y la política del país.

Esos fueron los casos, por ejemplo, de Francisca Diez Canseco, casada con Ramón Castilla, presidente del Perú en dos ocasiones; Cipriana de la Torre, con Manuel Ignacio Vivanco, jefe de Estado durante el Directorio; Victoria Tristán, con José Rufino Echenique, presidente del Perú en la época del guano; y Manuela Flores del Campo, con el coronel Clemente Althaus von Hessen, veterano de la batalla de Waterloo, que llegó en 1819 a prestar sus servicios en los ejércitos libertadores.

Estos ejemplos dan fe no solo de la vigorizada imagen que estaba alcanzando el ejército en la temprana república, sino también del uso frecuente de las alianzas matrimoniales por parte de algunas familias de la élite arequipeña a fin de conservar su estatus y su prestigio social; además de extender sus relaciones políticas dentro del nuevo orden que se estaba creando.

Algo que ya había sucedido antes, particularmente a fines del siglo XVIII, cuando algunas regiones de Hispanoamérica, incluida la ciudad de Arequipa, fueron testigos del arribo de un importante contingente de migrantes provenientes del norte de España, es decir, vascos, navarros y montañeses.

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