Cien años de vigencia de Los heraldos negros

Cien años de vigencia de Los heraldos negros

Obra de Cesar Vallejo revela una profunda sensibilidad e incertidumbre del ser

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A cien años de su publicación, Los heraldos negros nos recuerda el vigor del poeta César Vallejo en la actualidad.

Geraldine Canasas Gutiérrez

Los heraldos negros, el primer poemario de César Abraham Vallejo Mendoza, cumple cien años desde su primera publicación. Leer sus versos convoca no solo una vorágine de emociones, sino también diferentes preguntas sobre la existencia del ser, el dolor, la complejidad de vivir y, por último, la tan temida e insondable muerte; es que “hay golpes en la vida tan fuertes… ¡Yo no sé!”.

Obra vallejiana

Esta primera publicación está conformada por sesenta y nueve poemas, divididos en seis partes: Plafones ágiles, Buzos, De la tierra, Nostalgias imperiales, Truenos y Canciones de hogar. El primer poema de esta publicación es el que da origen al título del libro.

El título se debe a que en la Edad Media ‘heraldos’ era el sobrenombre que se le daba a los mensajeros, ergo, la obra nos comunica los versos de un poeta marcado por lo oscuro de la vida y de sus desenlaces, pero sobre todo describe la imposibilidad de hacer algo frente a esos designios.

Para Willard Díaz Covarrubias, crítico literario, esta obra pone en relieve cuatro aspectos destacados de Vallejo —quien tenía una fuerte influencia del Romanticismo—: la visión del ‘poeta maldito’ —aquel marcado por el dolor y el sufrimiento—, el anhelo de unidad dado por el amor, la expresividad interior del poeta frente a la realidad de la que es parte y, principalmente, la relación Dios-hombre.

“Vallejo refleja en este poemario una visión muy particular de Dios; tomando en cuenta que él era descendiente de curas. A partir de sus poemas, nos acerca a ese concepto de Dios-hombre y ahonda en el mismo al punto de volverlo un tema existencial, es decir, entra en un diálogo de tú a tú, y así lo evidencia en su obra: “’Dios mío, si tú hubieras sido hombre, hoy supieras ser Dios’. Analizarlo desde esta perspectiva es muy interesante”, comentó el crítico.

Nuevo estilo

Por otro lado, Cesar Sánchez Martínez, filósofo y licenciado en Literatura, afirma que la poesía de César Vallejo señala una fractura inminente en la crítica literaria y esto, debido no solo al contenido y al fondo de su producción, sino también a la forma en que este condujo el lenguaje dentro de la obra.

“Queda claro que esta forma de escribir iba en contra del clasicismo imperante de esa época, lo que provocó en muchos intelectuales, como José María Eguren, la descalificación del lenguaje utilizado en su prosa. Eguren se burlaba de la forma en la que Vallejo ponía frases como ‘poto de chicha’ en sus versos, palabras que antes nunca habían sido poéticas”, dijo Sánchez.

También aclara que si bien los puristas fueron incisivos con sus críticas, otros escritores saludaron la aparición de sus poemas, entre ellos Abraham Valdelomar, Juan Parra del Riego, Antenor Orrego Espinoza, entre otros.

Reconocimiento póstumo

Trágicamente, la obra de Vallejo (versos y prosas) solo fue reconocida después de su muerte. Desde entonces y hasta hoy, muchos investigadores y seguidores descubren alguna particularidad entre líneas que motiva sesudos e innovadores análisis. No cabe duda de que después de cien años su legado intelectual es y será inagotable.

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